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La dura lección del caso Madre Mía

​Por estos días, todos hablan de los presuntos crímenes cometidos a inicios de los años 90 en la base contraterrorista de Madre Mía, debido a que quien estuvo a cargo de esa instalación durante un tiempo llegó a ser Presidente del Perú. Sin embargo, cabría preguntarse cuántos crímenes como los hoy denunciados por testigos fueron cometidos por militares desde que Sendero inició su accionar.

09 de Mayo del 2017 - 07:30 Editorial

Por estos días, todos hablan de los presuntos crímenes cometidos a inicios de los años 90 en la base contraterrorista de Madre Mía, debido a que quien estuvo a cargo de esa instalación durante un tiempo llegó a ser Presidente del Perú. Sin embargo, cabría preguntarse cuántos crímenes como los hoy denunciados por testigos fueron cometidos por militares desde que Sendero inició su accionar.

En todos estos años se ha hablado bastante de casos como los de Cayara, Accomarca, el que costó la vida al periodista Hugo Bustíos, La Cantuta o Barrios Altos. Pero cabría preguntarnos cuántos otros crímenes se cometieron en bases perdidas en la sierra o en la selva, que jamás salieron a la luz porque sus jefes no saltaron a la “fama” como lo hizo Ollanta Humala.

Tengamos en cuenta que la mayor cantidad de crímenes en zonas alejadas del país se cometieron en la década de los años 80, en los gobiernos de Fernando Belaunde y Alan García, aunque muchos solo recuerden lo sucedido en tiempos de Alberto Fujimori.

Toda violación a los derechos humanos debe ser sancionada sin apasionamientos ni politización, tal como lo hemos visto en los últimos años en que la izquierda se ha creído con la exclusividad para buscar sanción, lo cual no ha hecho más que desvirtuar esa labor.

Lamentablemente, es posible que muchos crímenes cometidos en el pasado por malos militares y policías queden sin sanción.

Las violaciones a los derechos humanos y la impunidad es algo que nunca más debe suceder en el Perú.

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