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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La figura del Secretario General de la ONU

​El portugués Antonio Guterres, de amplia trayectoria internacional como Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) -lo presidió por una década (2005-2015)-, aparece entre los favoritos para ser ungido como secretario general de las Naciones Unidas.

07 de Octubre del 2016 - 06:55 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El portugués Antonio Guterres, de amplia trayectoria internacional como Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) -lo presidió por una década (2005-2015)-, aparece entre los favoritos para ser ungido como secretario general de las Naciones Unidas. Sería útil decir algunas precisiones acerca de este importante cargo del mayor foro político del mundo. En primer lugar, convendría saber que el secretario general de la ONU, lejos de lo que muchos puedan imaginar, no es la máxima autoridad de la organización que corresponde al Presidente de la Asamblea General. El secretario general es, en cambio, el más alto funcionario administrativo de la ONU, lo que es distinto a definirse por autoridad, dada la estructura horizontal de la ONU. Sin embargo, cuando no sesiona la Asamblea General, cobra vida la actuación internacional del secretario general, convirtiéndose en la máxima figura visible de la ONU, esto es, el primer agente diplomático del mundo, pues materializa el simbolismo de la organización por su enorme protagonismo planetario. Sigamos con las precisiones. Si uno revisa con atención las sesiones de la Asamblea General, notará que el secretario general no ocupa el lugar preeminente que, en cambio, sí corresponde al presidente de la Asamblea. Su función es estricto sensu, administrativa, pero qué duda cabe, de gran connotación internacional. Lo elige la propia Asamblea General y lo hace por recomendación del Consejo de Seguridad, que para promoverla debe contar, luego de varias votaciones informales y una formal, con la unanimidad de sus miembros permanentes, lo que significa que bastará el veto u oposición de un miembro permanente para quedar frustrada la candidatura. En la inminente elección de Guterres en este alto cargo -Javier Pérez de Cuéllar lo fue por dos períodos: 1982 a 1991-, será el noveno que cuente la ONU desde su creación al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945.