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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DESDE EL DERECHO INTERNACIONAL

El nacimiento de Jesús cambió el mundo. Contamos el inicio de la historia de la sociedad internacional occidental como el año 1 de la era cristiana, determinando su decurso. La Iglesia existe desde el instante de su resurrección y su primera comunidad fueron los apóstoles, los mismos que, apenas muerto el Nazareno, huyeron espantados.

17 de Abril del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El nacimiento de Jesús cambió el mundo. Contamos el inicio de la historia de la sociedad internacional occidental como el año 1 de la era cristiana, determinando su decurso. La Iglesia existe desde el instante de su resurrección y su primera comunidad fueron los apóstoles, los mismos que, apenas muerto el Nazareno, huyeron espantados. 

De no haber resucitado, jamás contaríamos a la Iglesia primitiva y menos veríamos a sus discípulos predicando sus enseñanzas como lo hicieron por Atenas, Corinto, Efeso, Colosas, Tesalónica, Filipos, y por supuesto Roma, hasta donde llegó Pedro. Era la promesa de Jesús. De no haber resucitado, el cristianismo intrascendente hubiera desaparecido como muchos paganismos, pero Jesús se levantó entre los muertos y, luego, en Pentecostés, sus apóstoles fueron colmados del Espíritu Santo para llevar adelante la construcción del Reino de Dios. 

Los doctos de la fe, como San Agustín de Hipona, y de la razón, como Santo Tomás de Aquino, fueron los sabios de la Iglesia que mejor entendieron la fuerza de la resurrección, cuyos escritos relievaron su trascendencia, permitiendo luego a la propia Iglesia superar los estragos de su crisis por la Reforma Religiosa del siglo XVI. El Evangelio estuvo presente en las reflexiones de Francisco de Vitoria y Hugo Grocio, los padres del derecho internacional. 

La Iglesia de los comienzos enseñó y practicó la koinonía, que no es otra cosa que la ayuda a los demás, antecedente de la solidaridad internacional. La Iglesia del resucitado enseñó las primeras normas del derecho de la guerra en la idea de la “Paz de Dios” y la “Tregua de Dios”, consagradas en los Convenios de Ginebra de 1949. Esta idea de un mundo de paz antes había sido inscrita en la Carta de la ONU (1945) como un deber de la sociedad internacional al consagrar, como misión del foro, el mantenimiento de la paz y el imperio de la solución pacífica de las controversias. Ideas e ideales cristianos encumbrados por el éxtasis de la resurrección.

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