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La suerte de los expresidentes

Desde todo punto de vista, no es saludable para la imagen del país que otro expresidente de la República, en este caso Ollanta Humala, esté envuelto en una investigación judicial -por el presunto delito de lavado de activos- y con comparecencia restringida de por medio.

13 de Noviembre del 2016 - 07:34 Editorial

Desde todo punto de vista, no es saludable para la imagen del país que otro expresidente de la República, en este caso Ollanta Humala, esté envuelto en una investigación judicial -por el presunto delito de lavado de activos- y con comparecencia restringida de por medio.

Hace apenas tres meses que Humala Tasso dejó Palacio de Gobierno y ha tenido que suspender cualquier reposo para enfrentar un veredicto como el del viernes a manos del juez Richard Concepción Carhuancho y, antes, estuvo en la Comisión de Defensa del Congreso respondiendo las dudas sobre la compra de un satélite a Francia.

Muchos dirán que la Casa de Pizarro se ha vuelto una demoledora de carne si tomamos en cuenta las querellas e indagaciones por las que han pasado los jefes de Estado desde 1990 en adelante; no obstante, la justicia tiene que abrirse paso sin contemplaciones y castigar con el rigor necesario el hallazgo del delito cometido.

Precisamente, es por estos ejemplos de sospecha y apego a la infracción a alto nivel que la población demanda una renovación en el ámbito político, que implique no solo la rotación de personas sino además una refundación del concepto de “servidor público”, pegado a los valores éticos y morales. Muchos funcionarios no llegan al Estado para servir, sino para servirse del Estado.

El gobierno de Kuczynski albergó a un personaje como Carlos Moreno, que se manejaba bajo esta política y, tras ser descubierto, aunque con algo de demora, fue puesto a disposición de las autoridades. PPK necesita dar indicios de que no es más de lo mismo.