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Rolando Rodrich

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Los cochinos

​¿Desde cuándo los piuranos nos volvimos cochinos? ¿Habrá forma de determinar cuándo y por qué para quizá de este modo saber cómo recuperar la limpieza? Hoy el estado calamitoso de las calles es una excelente excusa para explicar qué hacen tantos desperdicios regados por doquier. Pero todos sabemos que esto no es de ahora ni después de las lluvias y desbordes. Este desamor por la limpieza viene de atrás.

16 de Mayo del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

¿Desde cuándo los piuranos nos volvimos cochinos? ¿Habrá forma de determinar cuándo y por qué para quizá de este modo saber cómo recuperar la limpieza? Hoy el estado calamitoso de las calles es una excelente excusa para explicar qué hacen tantos desperdicios regados por doquier. Pero todos sabemos que esto no es de ahora ni después de las lluvias y desbordes. Este desamor por la limpieza viene de atrás. 

Podríamos pensar, con cierta lógica, que la cochinada ha comenzado a reinar desde el momento en que perdió valor e importancia entre los vecinos de estos pueblos. Y junto a ello desde que comenzaron a gobernar autoridades, responsables de la limpieza, que también perdieron interés en hacer cumplir la ley, que establece que la suciedad no solo es un tema estético sino de salud pública. 

Decían nuestras abuelas que ser pobre no equivale a ser sucio ni zarrapastroso. Es decir, que si las municipalidades no son ricas ni desbordantes de recursos, de flotas de carros recolectores, etc., por eso no tenemos que soportar calles y avenidas con cerros de desmonte. El problema ha llegado a tal nivel, que enfrentarlo se torna paralizante. Alguien debe romper el círculo vicioso y establecer un nuevo comienzo. 

La reconstrucción es el momento oportuno para volver a comenzar porque precisamente hacer obras es ensuciar y terminar de reconstruir obliga a dejar todo limpio. Autoridades, funcionarios, instituciones y los ciudadanos que se sientan involucrados tenemos en estas circunstancias la oportunidad de recuperar ese civismo que antes enorgulleció a los piuranos. A partir de ello tirar en la calle una cáscara de fruta debe ser muy caro, y mucho más si se arroja desmonte fuera de los lugares señalados para ese fin.

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