Temas

Opinión
Eugenio D'Medina Lora

Eugenio D'Medina Lora

Los intocables tocados

Los blindadores profesionales pasaron del cargamontón mediático sobre el juez Concepción Carhuancho, en un desfile de especialistas y opinólogos el mismo día de la sentencia

15 de Julio del 2017 - 07:21 Eugenio D'Medina Lora

Contra todo pronóstico, a pesar del blindaje legal y de la mayoría de medios y columnistas, hace pocas horas pudimos ver los peruanos a la otrora intocable ex “pareja presidencial” Humala-Heredia en custodia policial y en camino a cumplir sus dieciocho meses de prisión preventiva. Eran intocables y se sentían así. Por encima de todos. Ya no más.

Los blindadores profesionales pasaron del cargamontón mediático sobre el juez Concepción Carhuancho, en un desfile de especialistas y opinólogos el mismo día de la sentencia, hasta llegar a colocar, apenas ayer temprano, explosivos en la puerta del colegio de los menores hijos del referido magistrado. ¡Qué asco!

Y es que a este nivel de putrefacción ha devenido la costra de “epidermis moral” formada por esos autoproclamados guardianes de la moral, a los que se adhirieron los Humala-Heredia “para hacer la diferencia”. Ahora pesan sobre ellos sobrados indicios y en algunos casos, pruebas macizas, como para visualizar que, si la justicia funcionara en el país, habría material jurídico, cuanto menos, para varios años de procesos y con varias condenas.

Cómo habrá sido de voluminoso y contundente lo que pesa sobre los Humala-Heredia, que ni los contactos de la parejita, en todas las altas esferas del Estado, pudieron sacarla de este trance legal. Era demasiado. Pero hay que estar alertas. Incluso ahora queda la duda de si este arresto no es sino un teatro bien montado para absolverlos en una apelación ulterior, como se hizo con el gobernador de El Callao, o aparece alguna otra artimaña legalista. Sería el colmo, pero ya sabemos, este es el país de todos los colmos.

Sea lo que ocurra, importa y mucho el valiente fallo del juez Carhuancho. Porque tocó a los intocables y los puso en evidencia. Nos retorna a la esperanza, quizá utópica, de que podemos cambiar la credibilidad de nuestro sistema judicial. Ojalá otros no desentonen.

tags