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LOS NIÑOS: LOS ROSTROS MÁS DULCES DEL PLANETA

​Ayer domingo celebramos el Día Universal del Niño. Los menores deben crecer en su medio familiar en un clima de felicidad, amor y comprensión. Su mundo debe ser el juego y el estudio, y nosotros los adultos debemos protegerlos dado su carácter natural de indefensión. Estas premisas están consagradas en los convenios de La Haya sobre los niños de 1980, 1993 y 1996, de los que el Perú es firmante. Su protección, además, ha sido prevista en la Declaración de Derechos de los Niños y Adolescentes de la ONU del 20 de noviembre de 1959, al establecer que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidados especiales, e incluso la protección legal, tanto antes como después del nacimiento.

21 de Agosto del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Ayer domingo celebramos el Día Universal del Niño. Los menores deben crecer en su medio familiar en un clima de felicidad, amor y comprensión. Su mundo debe ser el juego y el estudio, y nosotros los adultos debemos protegerlos dado su carácter natural de indefensión. Estas premisas están consagradas en los convenios de La Haya sobre los niños de 1980, 1993 y 1996, de los que el Perú es firmante. Su protección, además, ha sido prevista en la Declaración de Derechos de los Niños y Adolescentes de la ONU del 20 de noviembre de 1959, al establecer que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidados especiales, e incluso la protección legal, tanto antes como después del nacimiento. 

A pesar de existir una férrea cadena de normas jurídicas, los abusos contra los niños se producen al interior de los Estados e internacionalmente. Muchos niños provenientes de familias fracturadas, o penosamente desde su nacimiento en la condición de abandonados, son objeto de explotación infantil, secuestros y violaciones sistemáticas, actos que en pleno siglo XXI desnudan una vil degradación de su dignidad, cuyos resultados son niños traumatizados, malheridos, discapacitados o muertos. Para los inescrupulosos que liquidan el destino de los niños frustrando sus legítimos proyectos de crecimiento y desarrollo en felicidad, debe superponerse sin tregua e inmisericorde la acción punitiva del Estado. En la última década, en el mundo han muerto más de un millón de niños por los conflictos armados, y muchas de las acciones internacionales o nacionales solo han quedado en las conocidas retóricas de condena o lamentación. En el globo hay 2100 millones de niños y niñas (36% de la población mundial), y en el Perú casi 7 millones. Es necesario que la ONU lleve adelante una reunión planetaria para abordar transversalmente los problemas de la niñez, de lo contrario para 2030 habrá 167 millones de niños en extrema pobreza, 69 millones de menores de 5 años morirán y 60 millones en edad de asistir a la escuela no lo harán. Hagámoslo por ellos, que son los rostros más dulces del mundo.

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