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María del Pilar Tello

María del Pilar Tello

​Los viejos a la tumba

Con todas sus capacidades, méritos, conocimientos y experiencia. Los viejos ya no deben enseñar es una de las normas de la Ley Universitaria que sigue en el debate y el cuestionamiento.

01 de Octubre del 2016 - 08:21 María del Pilar Tello

Con todas sus capacidades, méritos, conocimientos y experiencia. Los viejos ya no deben enseñar es una de las normas de la Ley Universitaria que sigue en el debate y el cuestionamiento. En las universidades públicas del país los conflictos continúan; el caos y la violencia se enseñorean con rectores rebeldes y estudiantes en riesgo de perder el año como sucedió hasta hace poco con la Villarreal. La Sunedu, subordinada al Ministerio de Educación y por tanto al poder político, continúa interviniendo y decidiendo, interpretando leyes y legislando. La implementación de la Ley tiene resultados negativos, no hemos ganado “más calidad”, pero estamos pagando gran costo social por una ley que exige cambios.

Esta semana, la Comisión de Educación del Congreso discutirá varios proyectos modificatorios de la Ley mientras su mentor, el general Daniel Mora, pasea mediáticamente su inquietud para impedir cambios y va recibiendo de las universidades, que tienen rectores aceptados por la Sunedu, sus doctorados honoris causa. Y así acusa a quienes critican la Ley de responder a intereses particulares.

La Sunedu ha colisionado con la autonomía universitaria para la gestión; tiene saldo negativo en violencia y abuso de autoridad; ha elegido nuevas autoridades, pero graves conflictos entre estudiantes y autoridades continúan y deberán resolverse por la fuerza o por los jueces. Se ha convertido en una entidad política y policiaca que impone sanciones y genera severas resistencias.

Por eso, entre otros aspectos esenciales, hay que cambiar su naturaleza y sus funciones, eliminar la injerencia del poder político para que se conforme con miembros representativos de la sociedad y del mismo sistema universitario. Igualmente, hay que descartar el límite de los 70 años para la docencia y los cargos académicos, absurdo que ha descapitalizado a las universidades públicas y ha alimentado pugnas desastrosas. ¡Suerte!

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