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Más de 30 años

En una conversación que tuve con Juan Carlos Oblitas, hoy director deportivo de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), me comentó, entre otras cosas, que el fútbol peruano había perdido cerca de treinta años en comparación al resto de selecciones de Sudamérica.

18 de Septiembre del 2016 - 07:25 Juan Carlos Gambirazio

En una conversación que tuve con Juan Carlos Oblitas, hoy director deportivo de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), me comentó, entre otras cosas, que el fútbol peruano había perdido cerca de treinta años en comparación al resto de selecciones de Sudamérica.

“Los que jugamos el último Mundial, en España 1982, empezamos a retirarnos en 1985; desde entonces han transcurrido más de 30 años y no se trabajó como se debía”. Oblitas lamenta esa situación, pero también prefiere pasar de eso para destacar la labor que viene cumpliendo la FPF hoy por hoy.

La máxima entidad que rige los destinos del fútbol nacional ha realizado una fuerte inversión en las divisiones menores, las mismas que están bajo la supervisión del argentino Daniel Ahmed. La intención de esta nueva gestión es descentralizar el fútbol y lograr que los equipos de todo el país comiencen a valorar el hecho de formar canteras. Para ello ha dispuesto que, a partir del próximo año, se juegue un campeonato de clubes en las categorías Sub-15 y Sub-17 a nivel nacional. Esta medida llega de la mano con la incursión de concesiones de licencias FIFA, situación que no es otra cosa que un esfuerzo por formalizar al fútbol peruano.

La intención de la FPF es buena y destacable, pero es algo que se tenía que hacer, es el trabajo que cualquier gestión mínimamente responsable debe ejecutar. Lo cierto es que la Federación que dirige Edwin Oviedo tiene como principal apuesta este programa y la renovación del universo de jugadores seleccionables, pero, a la par, la clasificación a Rusia 2018. Es evidente que, en algún momento del proceso, ambas buenas intenciones pueden terminar estorbándose.

A pesar de que la clasificación al Mundial de Rusia es difícil, mientras que existan opciones, Ricardo Gareca no puede renunciar a ese objetivo. Para ello, necesita jugadores con cierto recorrido y roce internacional, algo que no necesariamente va de la mano con un intento de recambio, ya que todo recambio, sobre el papel, implica un periodo de renuncia a la alta competencia.

Muchos de los contratos de la gente directamente vinculada a la labor del recambio generacional concluyen en 2018, justo cuando arranca el Mundial, y esta labor de renovación debe alcanzar su pico. Es decir que existe la posibilidad de que muchos de aquellos que iniciaron esta labor no sigan más. Solo cuando Perú quede definitivamente eliminado del Mundial que viene se podrán dirigir todos los esfuerzos al recambio y solo entonces, también, se conocerá el destino de algunos de los actores responsables de este ansiado cambio. El manejo de la frustración y una desarrollada cintura política serán vitales para tomar decisiones que no interrumpan ese trabajo que debimos emprender hace más de treinta años.

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