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Menores con armas de fuego

​Con estupor vi el martes último la portada de Correo La Libertad, que da cuenta de que en lo que va del año la Policía Nacional ha intervenido en dicha región a 264 menores de edad por hurto, asalto a mano armada, homicidio y extorsión.

25 de Agosto del 2016 - 01:38 Iván Slocovich

Con estupor vi el martes último la portada de Correo La Libertad, que da cuenta de que en lo que va del año la Policía Nacional ha intervenido en dicha región a 264 menores de edad por hurto, asalto a mano armada, homicidio y extorsión. La información detalla además que de ese grupo -que equivale casi a seis aulas y media de un colegio-, 34 niños y jóvenes cayeron en manos de la autoridad portando armas de fuego.

Cifras como estas, que fueron proporcionadas a nuestro diario por el propio jefe policial de La Libertad, general PNP Julio Otoya, no hacen más que demostrar que el trabajo por la seguridad ciudadana es un tema muy delicado, a largo plazo y que debe comprometer la labor de toda la sociedad (familia, colegios y municipios), si es que no queremos que esos jóvenes sigan delinquiendo en los próximos diez, veinte o treinta años.

Ojo que muchos de los arrestados por la Policía en La Libertad no han caído por robar el espejo de un auto, tener marihuana en la mochila o por agarrar a patadas a un compañero de colegio en una bronca a la salida de las clases. Estamos hablando de acciones como asaltos a mano armada y hasta crímenes con armas de fuego encargados por cabecillas de bandas de extorsionadores. Esa es la dura realidad que hace falta comenzar a cambiar.

El delincuente juvenil trujillano apodado “Gringasho”, que se hizo “famoso” hace unos años y escandalizó al país entero por su prontuario y agresividad pese a su minoría de edad es, lamentablemente, apenas uno de todos los menores que vienen siendo detenidos por la Policía por haberse convertido en tremendos hampones y ya no solo “infractores” que, en casos extremos, actúan de sicarios y no dudan en matar a una persona a cambio de unos cuantos billetes.

Cuidado que, con la pasividad de todos, estemos fomentando una nueva generación de delincuentes que hará más lejana la posibilidad de vivir en paz en las calles. Es verdad que gran parte de la solución al grave problema de la violencia está en manos de la Policía y del sistema de justicia, pero vemos que eso no lo es todo. A propósito, cabría preguntarse quiénes son y en qué andan los padres de esos 264 menores. ¿Creerán que sus niños están cantando en el coro de la parroquia?

Iván Slocovich

Iván Slocovich