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JAVIER DEL  RÍO ALBA  Arzobispo de Arequipa

JAVIER DEL RÍO ALBA Arzobispo de Arequipa

Mes de los Milagros

La imagen del Señor de los Milagros, que veneramos de modo especial cada mes de octubre, nos recuerda que Dios nos ama tanto que ha enviado a su hijo Jesús al mundo para que, muriendo en la Cruz, obtuviera para nosotros el perdón de los pecados, la reconciliación con el Padre y nuestra divinización por obra del Espíritu Santo. Contemplar este amor, como la Virgen María y el joven apóstol San Juan bajo la Cruz, nos facilita la conversión, que consiste en acogernos a la obra que Dios quiere realizar a favor nuestro y, a través de nosotros, a favor de los demás.

09 de Octubre del 2016 - 07:40 JAVIER DEL RÍO ALBA Arzobispo de Arequipa

La imagen del Señor de los Milagros, que veneramos de modo especial cada mes de octubre, nos recuerda que Dios nos ama tanto que ha enviado a su hijo Jesús al mundo para que, muriendo en la Cruz, obtuviera para nosotros el perdón de los pecados, la reconciliación con el Padre y nuestra divinización por obra del Espíritu Santo. Contemplar este amor, como la Virgen María y el joven apóstol San Juan bajo la Cruz, nos facilita la conversión, que consiste en acogernos a la obra que Dios quiere realizar a favor nuestro y, a través de nosotros, a favor de los demás.

En tiempos como el nuestro, en el que tanta gente vive como si Dios no existiera, es importante que los cristianos les recordemos que ellos sí existen para Dios y que, en Jesucristo, Él se inclina cada día hacia nosotros porque quiere caminar con nosotros en la historia de este mundo, con todas sus vicisitudes, con las alegrías pero también con los sufrimientos y desilusiones por las que a todos nos toca pasar en algún momento de nuestra vida. Es fundamental que, a través de nuestras palabras y acciones, los cristianos hagamos presente a Dios en medio de la sociedad. Como varias veces lo pidió el papa Benedicto XVI y ahora lo hace el papa Francisco, no es bueno para el hombre expulsar a Dios de la sociedad o encarcelarlo en la esfera de lo privado. Dios existe y desea ayudarnos a todos, ayudar a la sociedad. En un país todavía dividido por conflictos de diverso tipo, es cada vez más necesario que Dios tenga carta de ciudadanía entre nosotros, para que reconstruya esos puentes que nos permitan vivir en comunión unos con otros. Pidámosle este milagro.

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