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Columna de Juan Carlos Gambirazio

17 de Septiembre del 2017 - 07:16 Juan Carlos Gambirazio

Ricardo Gareca sorprendió a los medios sin mucho esfuerzo, simplemente fue consecuente con lo que ha venido haciendo al frente de la selección peruana en los últimos meses. Lanzó una convocatoria que repite los nombres de quienes sumaron seis puntos en la última fecha doble de las Eliminatorias, seis puntos que nos colocan en el cuarto lugar de la clasificación para Rusia 2018 y que nos hacen llegar al partido ante Argentina, en Buenos Aires, el 5 de octubre con opciones palpables de ponerle punto final a una racha nefasta de 36 años.Se especuló tanto a lo largo de los días previos a la convocatoria, pues los nombres de Carlos Zambrano, Yordy Reyna, Cristian Benavente y hasta Carlos Ascues -de reaparición asombrosa con Alianza Lima- se regaron por las páginas de los principales medios deportivos. Sin embargo, el “Tigre” apostó por su grupo, por el que mejores resultados le ha dado y el que, sin dudas, ha alcanzado un nivel de compenetración que no se veía en una selección peruana desde hace muchos años.La única diferencia se centra en la presencia de cuatro arqueros en el llamado. Repitió la convocatoria para Leao Butrón e incluyó al lesionado Pedro Gallese en lo que parece ser un espaldarazo al jugador y también al ambiente del grupo en general, ya que el portero del Veracruz es pieza fundamental del proceso que lidera Ricardo Gareca y el factor anímico es uno de los primordiales en estas dos últimas fechas de Eliminatorias. Luis Abram también fue tomado en cuenta, dejando constancia de que las variantes en defensa son un asunto de suma importancia. La convocatoria de Gareca es un mensaje claro y contundente sobre lo que este grupo ha conseguido durante todo este tiempo. Son un solo ideal, un pensamiento único y un propósito firme que no claudicará hasta alcanzar los objetivos trazados. Cada uno de los miembros de este equipo es parte esencial del mismo y su llamado, que responde en principio a cuestiones netamente futbolísticas, va más allá del juego en sí y se vincula a lo subjetivo, a lo interno, al desarrollo de una convicción basado en el trabajo responsable y paciente de un grupo de profesionales que comienza a cosechar los frutos de una labor ardua, pero decidida.Este llamado también nos demuestra que Gareca supo mantenerse ecuánime y logró que el periodista no sepa leerlo a ciencia cierta. El mensaje de esta convocatoria es valioso y hoy más que nunca esa denominación de “el equipo de todos” adquiere una trascendencia y una valía tremendas, sin precedentes. Es ese, quizá, el más grande legado de la era Gareca.

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