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No es el pueblo, son los camaradas

​La señora Verónika Mendoza, que defiende a Nicolás Maduro y llama “golpistas” a sus opositores, se solidarizó con Dilma Rousseff tras su destitución en el senado del Brasil.

02 de Septiembre del 2016 - 03:10 Jaime Chincha

La señora Verónika Mendoza, que defiende a Nicolás Maduro y llama “golpistas” a sus opositores, se solidarizó con Dilma Rousseff tras su destitución en el senado del Brasil. “Destitución de @dilmabr sin pruebas es duro golpe a la democracia. El único que debe definir mandatos presidenciales es el pueblo brasileño”, escribió el miércoles en Twitter. Nunca escribió algo parecido al referirse a la Venezuela chavista, pero cuando tocan a alguien del Partido de los Trabajadores (PT), uno de sus parientes ideológicos en la región, Mendoza se reinventa como consternada analista en asuntos internacionales.

Equiparar la situación política de Venezuela con la de Brasil es un insulto a la inteligencia de cualquier latinoamericano preocupado por la región. Lo de Dilma es una destitución perfectamente viable, de acuerdo a la legislación brasileña. Resulta sintomático que Maduro retire a su embajador tras la salida de Dilma, para que Verónika Mendoza se alinee a la posición chavista. Ella, que recibe diezmos de los congresistas del Frente Amplio, defiende el maquillaje de cuentas públicas del Brasil, y llama a sus legisladores a no firmar una moción que condena la crisis humanitaria que vive Venezuela.

Dilma quedó en jaque por la impericia oscura en sus presupuestos; y por haber llevado al Brasil a la peor recesión de sus últimos 80 años. Qué farsantes son los políticos de cierta izquierda que se irritan con lo de Dilma, pero que se esconden entre las piedras cuando Venezuela pide a gritos medicinas, alimentos y una democracia que los haga libres, en una marcha nunca antes vista en Caracas.

Jaime Chincha

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