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Luis Rey de Castro

Luis Rey de Castro

Torre de papel

¡Oferta de la semana: "Diálogos a domicilio"...!

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En los últimos tiempos, "el diálogo" se ha convertido en producto de primera necesidad. Resulta óptimo sistema de gobierno, sucedáneo del debate, apósito para picaduras y lesiones, sustituto eficaz de leyes y reglamentos, píldora calmante para estados de tensión emocional, mediador válido entre ejércitos legales y pandillas ilegales... en fin, un prodigio de solución para todos los problemas públicos.

El diálogo todo lo cura y todo lo resuelve. Es decir, cuando está bien manejado y los interlocutores han sido correctamente elegidos y han aceptado dialogar, dispuestos a llegar a "la solución": un punto muerto, en el que nada hay por discutir ni por resolver. Es decir, todo queda como estaba al principio.

Pondremos un ejemplo para que se aprecien los méritos del diálogo.

Un presidente de República -por decir, un señor Humala- necesita dialogar con un señor que también es presidente, pero de región, no del Estado: ha sido santificado con el nombre de Santo. Se discute sobre una región con lagunitas, debajo de las cuales hay suficiente oro como para que Francisco Pizarro negociara otro "rescate" con Atahualpa; y tanto cobre como para alarmar a los chilenos.

¿Y para qué sirven las lagunitas? Absolutamente para nada. Es agua que no puede usarse (por su alto contenido de metales pesados): ni para consumo humano, ni para riego agrícola, ni para dar de beber al ganado. Están ahí solamente para cuidar el oro. Como hay una gran discusión -con sus muertos incluidos- sobre si se saca o no el oro, el Presidente # 1 le propone dialogar al Presidente # 2. Cartas van y cartas no regresan. Finalmente se pacta el diálogo, pero bajo las condiciones que fija el Santo:

-Sepa usted Presidente que estoy dispuesto a dialogar, siempre y cuando estemos de acuerdo en la conclusión final: las lagunitas no se tocan...

-Entonces, ¿para qué cuernos es el diálogo...?

-No sé. Usted sabrá... ¿No es el Jefe de Estado?

Como este diálogo no alcanzó la categoría que se esperaba, se diseña otro: "el gran diálogo". En vista de que uno de los interlocutores es Santo y está escoltado por un cura, lo mejor es conseguir dos eminentes religiosos: un obispo y un sacerdote muy querido, para ver si se entienden con el Santo y con el cura. Pronóstico reservado: el diálogo no ha concluido aún. Los mejor informados suponen que el resultado será el que ya conocíamos: nada.

Estoy pensando en abrir un negocio, con oficina y secretaria, que merece el éxito: "Diálogos a domicilio - Horario corrido - Se ofrecen diálogos para conflictos laborales, judiciales, empresariales, literarios, conyugales, religiosos y domésticos - Garantía de seriedad y reserva (no usamos sistemas de "chuponeo"). Si tiene usted piscina en su jardín y debajo la caja fuerte con las joyas de la familia, le aseguramos los diálogos precisos y eficaces entre los pretendientes para evitar demandas y trámites judiciales - Ofertas especiales para diálogos de reconciliación prenupcial y/o postboda - Precios módicos en conflictos de vecindario y puestos de venta en mercadillos - El lema de nuestra organización: "Dialogando la gente es más feliz".

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