AEROSMITH es "la más grande banda americana de rock"; KISS es "la banda más caliente en el mundo"; y los ROLLING STONES son "la banda de rocanrol más grande del mundo". Lo que surgió como una mera frase promocional allá por 1969, hoy está completamente fuera de discusión. Un título bien ganado y bien merecido, que pese a los escándalos mediáticos vividos a lo largo de su carrera que podrían haberlo puesto en cuestión -letras subidas de tono para la época, que fueron objeto de censura; mujeres por aquí y por allá; alcohol y drogas al por mayor, con batidas, encarcelamientos y juicios; bajas varias, de integrantes y de fans; etc.- no han disipado ni afectado su esencia y su sustancia.
Porque después de todo, y tal como lo he escrito en reiteradas oportunidades, al final la música es lo que importa. Y ellos desde un principio la tuvieron clara: recogieron lo mejor del rock and roll cincuentero, y absorbieron la sensualidad del blues y el feeling del soul para poco a poco -vía covers primero y luego composiciones propias- dar paso a una propuesta fresca y natural, que aunada a movidas performances en vivo, los establecieron en los 60 como uno de los grupos gestores del renacimiento de la escena rocanrolera y parte de la "invasión británica" a los EE.UU. No fueron inmunes a diversas corrientes que preexistían o que fueron apareciendo (sicodelia, country, funk, reggae, música disco, punk); pero el rocanrol siempre estuvo por delante, jamás transaron con eso. Y eso es lo que se valora, la fidelidad a sus raíces que se ha reflejado en incontables clásicas del rock, en inmortales canciones de espectro universal.
"Yo sé, es sólo rock and roll, pero me gusta", entonan en It's Only Rock 'N Roll (But I Like It). Y a nosotros también, por supuesto. Eso es. A rezar a todos los santos disponibles para que la ya confirmada gira de aniversario se digne a hacer un alto en Perú; no habrá otra chance. Por mientras, ¡larga vida a los ROLLING STONES, salud!