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Ricardo V. Lago

Ricardo V. Lago

Invitado por el Director

Muito obrigado

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Parece que algo le quedó muy claro al candidato Ollanta Humala en el 2006: electoralmente, el antichilenismo reditúa, pero el chavismo es un pasivo insalvable. Esta vez, por tanto, se rehabilita como compañero de viaje del ex presidente Lula da Silva y ,según la prensa limeña, emplea en su campaña a expertos asesores brasileños, o que lo fueron, del gobierno de Brasil. El problema es que hay muchos intereses económicos en juego y que éstos no siempre favorecen necesariamente al Perú. En mi opinión, la relación entre Perú y Chile es entre iguales y mutuamente beneficiosa; mientras que la relación entre Perú y Brasil es asimétrica. Brasil es el país fuerte.

En mis años de universidad estaban de moda las tesis estructuralistas del subdesarrollo. Uno de los gurús era el economista brasileño Celso Furtado, inspirador del pensamiento económico del Partido del Trabajo del presidente Lula, sobre todo antes de llegar al gobierno.

Furtado era un campeón de la teoría de la dependencia centro-periferia, cuya tesis se puede resumir en que las bondades del libre comercio y la inversión extranjera son un cuento chino, ya que las potencias económicas se aprovechan de las economías atrasadas colonizándolas económicamente. En otras palabras, Estados Unidos explotaba a América Latina y otros  subdesarrollados mediante las multinacionales y la exportación de productos industriales a cambio de materias primas. Las consecuencias de la dependencia son según Furtado:
"Las economías periféricas que no sean capaces de crear una economía más independiente, con un mercado interno más completo no podrán superar la pobreza, y en ellas se acrecentarán las diferencias entre ricos y pobres"

El modelo de Furtado se puso a prueba en el Perú y muchos otros países entre los sesenta y los noventa, con los resultados desastrosos que ya conocemos. Pero resulta que es precisamente este modelo uno de los ejes centrales del programa económico del candidato Humala.

¿Hay algo de cierto en la teoría de la dependencia centro–periferia? Sin duda que lo hay; toda relación de dependencia es una relación de poder, en la cual el más fuerte puede torcer el brazo del más débil. Viene a la memoria la dramatización que hizo Costa Gavras en la película Desaparecido sobre la actuación de la CIA en la desestabilización del Chile de Allende, por los intereses de multinacionales, como la ITT y la Kennecott Copper, entre otras. Los organismos (como la ONU) y las normas supranacionales son los mecanismos multilaterales para tratar de equilibrar la convivencia y las relaciones entre desiguales.

Lo curioso es que ahora Brasil está echando a andar, con bastante éxito, una variante del modelo centro-periferia de Furtado frente a otros países de América Latina. Un modelo en el que São Paulo-Brasilia son la metrópolis y el resto los satélites. El Mercosur es parte de dicho engranaje; un mercado común que integra a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, y cuyas barreras al comercio con terceros países son un traje a medida para las empresas del país con mayor industria que es, por supuesto, Brasil.

Brasil es un gran país, y sin duda un país grande. Empezó como una esquinita de soberanía portuguesa que se originó en el Tratado de Tordesillas (1494) entre España y Portugal (un triángulo con vértices en São Paulo, Belem y Recife), y hoy ocupa la mitad de América del Sur con fronteras con todos los países, salvo Chile y Ecuador. En cambio, el Perú es un país mutilado: su superficie es una pequeña fracción del Perú Virreinal. Y menos de un tercio del Tahuantinsuyo.

Buena parte del expansionismo brasileño lo llevaron a cabo los bandeirantes -aventureros buscadores de minas de oro y fortuna- durante la colonización portuguesa. Pero incluso después de la independencia, en 1822, y hasta 1889  Brasil no fue república sino imperio. La mentalidad expansionista continuó durante la república. Incluso cuando Brasil estaba tumbado en el suelo por el estancamiento y la hiperinflación, durante parte de los setenta, los ochenta y hasta el 1994, la Cancillería brasileña –que se conoce con el nombre de Itamaraty, por el palacio que la aloja- se comportaba más como cancillería de potencia mundial que de país subdesarrollado en crisis.

El cantante Chico Buarque y el cineasta Ruy Guerra ilustraron dicha  actitud, con sarcasmo, en su canción Fado tropical, que dice: "Ai, esta terra ainda vai cumprir seu ideal. Ainda vai tornar-se um imenso Portugal! Ai, esta terra ainda vai cumprir seu ideal: Ainda vai tornar-se um império colonial!"

Como nos ha recordado Aldo Mariátegui en un artículo reciente, el Perú Republicano perdió casi 500 mil km² frente al expansionismo brasileño (en los tratados Herrera-Duarte de 1851, Muñoz-Neto de 1867 y Velarde–Rio Branco de 1910), algo así como diez veces el territorio que perdió frente a Chile en la guerra del Pacifico.

Me parece una torpeza política que el candidato Humala, que preside un Partido Nacionalista, haya aceptado asesores de campaña que, según la prensa limeña, son cercanos al gobierno de Brasil, sobre todo a la luz de los cuantiosos y crecientes intereses económicos de un país con siete veces la población del Perú, y dados los antecedentes.

El candidato Humala debería tener especial sensibilidad ante estos temas, que seguro estudió en su día en el Leoncio Prado, pues son estos episodios históricos los que enfatizan los manuales militares de historia. No se trata de sacar a relucir contenciosos antiguos ya zanjados por tratado, sino que es un tema de coherencia, formas, y conflicto de interés.

Las empresas brasileñas tienen negocios millonarios en el Perú y algunos de ellos bastante controvertidos. Como se vio con la renegociación que emprendió la ministra Mercedes Aráoz, del proyecto de irrigación de Olmos en Lambayeque, cuyo costo por hectárea irrigada es más del doble de la norma promedio para America Latina; o la Interoceánica Sur, que se presupuestó a unos 400 millones de dólares, y hoy ya excede los 1,200 millones. Por dar dos ejemplos.

En cartera están las centrales eléctricas de Inambari y otras en la selva peruana para satisfacer el déficit de energía eléctrica de Brasil, parece que refrendadas en la visita del candidato Humala a Brasil el año pasado. ¿Cómo casa el objetivo de menos inversión extranjera del programa de Gana Perú con una mayor inversión brasileña?

Cuando en el 2008 el presidente Correa de Ecuador presentó reclamaciones contra una empresa brasileña -por fallas en la construcción de una hidroeléctrica de 200 millones de dólares-  se desató la ira del presidente Lula. Ese punto en el que el mercantilismo deja a un lado las alianzas.
Muito obrigado es la manera como uno da las gracias en portugués. Ojo con favores de los imperios emergentes: no olvidemos las tesis de Celso Furtado. 

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