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Ricardo V. Lago

Ricardo V. Lago

Invitado por el Director

Tristeza não tem fim, felicidade sim

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Hace unas semanas, desde esta columna, Aldo Mariátegui denunciaba la injerencia de Brasil en las elecciones presidenciales peruanas y citaba al ex presidente francés Charles De Gaulle: "Los países no tienen amigos, los países sólo tienen intereses".

El Humala moderado que hemos visto en los últimos meses es un producto publicitario Made in Brazil, un muñeco de los ventrílocuos Valdemir Garreta y Luis Favre, operadores del partido de gobierno brasileño, cuyos honorarios, según Perú21, al 7 de abril todavía no figuraban en los pagos de campaña de Humala. Y eso, a pesar de que estos últimos exceden en S/.2.2 millones al financiamiento identificado ante la ONPE, y también de que el que se presenta como candidato de los pobres, en realidad, gasta más millones que el segundo más pródigo.

Yo no me creo los gastos de campaña que exhibe ningún partido político en ninguna campaña presidencial en ningún país del mundo en ningún momento histórico. Todos utilizan hábiles operadores financieros que se saben al dedillo las mil y una maneras de esconder todo lo escondible y más. La forma de financiación ilegal más socorrida son las contribuciones en trabajo de profesionales muy caros (estrategas, publicistas, empresas de sondeos, especialistas en movilización popular, etc.) que oficialmente trabajan gratis, pero que en la realidad reciben pagos directamente de bolsillos distintos al presupuesto de campaña, normalmente plata de grandes empresas con intereses creados o futuros, casi siempre intereses mercantilistas, funestos e incluso siniestros. Para muestra un botón: en el 2000, el canciller alemán Helmut Kohl, uno de los políticos más honestos y respetados del siglo XX, tuvo que reconocer, ante las pruebas, que había recibido fondos electorales no declarados de un conocido traficante de armas.

De manera que, en mis cálculos, para hacerme una idea del verdadero gasto de una campaña, utilizo la regla del iceberg (sólo se ve la novena parte que va sobre el agua), así que multiplico la cifra que reportan las campañas por nueve. ¿Y de dónde viene tanto dinero a la campaña de Humala? No tengo los datos. Pero los cariños entre Gana Perú, el partido de gobierno de Brasil y los grandes intereses económicos brasileños en el Perú dan mucho que pensar.

El domingo 28 de marzo, el líder del Partido Nacionalista, don Ollanta Humala, acompañado por su asesor, don Salomón Lerner Ghitis, se reunió con un nutrido grupo de empresarios brasileños que invierten en el Perú. Un periódico reseñaba al candidato Humala diciendo: "Hemos conversado con el presidente Lula (da Silva) sobre este tema y le hemos hecho saber nuestra intención de trabajar a largo plazo con el empresariado brasileño", dijo tras recibir el saludo del embajador de Brasil, Jorge Taunay, quien calificó de "un éxito rotundo" la visita de Ollanta Humala a su país. Entre otros, estaban presentes representantes del Banco do Brasil, Embraev, Petrobras, Capebras, Construtora Andrade Gutiérrez, Construtora OAS, Construtora Queiroz Galvão, Engevix Engenharia, Galvão Engenharia, GDK, Hotelera Costa del Pacífico (Swissôtel), H. Stern Perú, , Vale Exploration Perú, Accor Services y la infaltable Odebrecht Perú Ingeniería y Construcción.

Odebrecht es una empresa de construcción e ingeniería que, según su informe anual del 2008, tenía ingresos brutos de casi 18 mil millones de dólares (12% del PBI del Perú), de los cuales poco más de la mitad provenían de proyectos en Brasil, y el resto de fuera del país. La media naranja del ingreso fuera de Brasil se origina en América del Sur; las plazas fuertes son, por este orden, primero Perú y segundo Venezuela. Perú es el país donde Odebrecht hizo su primera incursión internacional en 1979. Promediando un año con otro, el negocio en el Perú representa alrededor de 5% del negocio total de Odebrecht.

Sigo la pista del viejo refrán "Dime con quién andas y te diré quién eres", y hago el siguiente ejercicio. La ONG Transparencia Internacional (TI) realiza unos sondeos anuales sobre coimas y corrupción en 175 países. Responden a los formularios empresarios, bufetes de abogados, empresas de auditoría etc. Con las respuestas, TI calcula un indicador: el Índice de Percepción de la Corrupción, que va de 0 (corrupción total) a 10 (nada de corrupción). Según el índice del 2009, el país menos corrupto era Dinamarca (con 9.3), y el más corrupto Somalia (con 1). En el 2009, el Perú ocupaba el puesto número 75 (con un índice de 3.7).

Aquí les va mi ejercicio. Dejo de lado la operación de Odebrecht en Brasil. Para el resto de los países, defino dos grupos: países de baja corrupción y países de alta corrupción. Tomo como punto de corte al Perú; es decir al Perú o a cualquier otro país con un Índice de Percepción de Corrupción menor al del Perú, los asigno al grupo de baja corrupción. El resto van al grupo de alta corrupción. Tomo el número de empleados por nacionalidad como variable de aproximación al volumen de negocios por país (no encuentro en el informe la cifra de negocios por país). El resultado es que el 83% del negocio internacional de Odebrecht es en países de alta corrupción, y sólo el 17% en países de baja corrupción (Perú incluido). Son los magos del proyecto caro y/o de trasladar casi todos los riesgos al Estado. ¿Cómo lo consiguen? Ésa es la pregunta del millón de dólares. Es un hecho que en todos los países que operan están, en grados diversos, con casi todos los agentes económicos y políticos que cuentan.

El periódico brasileño Folha de São Paulo no se llama a engaño con la nueva imagen de Humala. El 4 de abril titulaba un artículo sobre las elecciones peruanas: "Pepetistas cuidan de 'el Chávez peruano'". Por "pepetistas" quieren decir miembros del partido de gobierno de Brasil, el Partido de los Trabajadores, y tienen claro que Humala sigue siendo el Chávez Peruano.

Esta semana, la revista The Economist publica un artículo sobre la integración económica en América del Sur. Argumenta que la mejor baza para el Perú es la integración creciente con Colombia y Chile por varias razones: primero, las tres son economías de la vertiente del Pacífico orientadas al comercio con Asia; segundo, acaban de integrar sus bolsas de valores, creando el segundo mayor mercado de capitales de América Latina; tercero, los principios rectores de las tres economías son idénticos; y cuarto, al ser sus tamaños similares, pueden aspirar a una integración entre iguales. En cambio, la integración con Brasil no puede ser más que de subordinación, y -como apuntó Aldo Mariátegui- con el precedente de que Brasil es un país con el cual el Perú ha perdido diez veces más territorio que con Chile.

Es sintomático y vergonzoso que el embajador brasileño haya tenido que desmentir, ante los medios, que haya injerencia en las elecciones peruanas. Todo indica que por quien apuestan con más fuerza es por Humala y "Los países no tienen amigos, sólo tienen intereses". Lo que está en juego son las opciones que el Perú tiene como país; su soberanía de facto.

Antes de embarcarse en esta aventurada, descarada y torpísima gesta, los brasileños deberían haber recordado esa bossa nova de Antonio Carlos Jobim que dice "Tristeza não tem fim, felicidade sim". Les puede acabar saliendo el tiro por la culata.  

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