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Ricardo V. Lago

Ricardo V. Lago

Invitado por el Director

Un invierno financiero

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¿Le prestaría usted al Tesoro de los Estados Unidos? La respuesta inmediata que probablemente le viene a uno a la cabeza es que no. Lo paradójico es que la realidad está demostrando justo lo contrario. Cada vez hay más inversionistas deseosos de acumular Bonos del Tesoro USA y a tasas cada vez menos atractivas, más bajas. En febrero, la tasa de interés que tenía que pagar el Tesoro para colocar bonos a 10 años era 3.6%, mientras que las últimas semanas ha llegado a caer hasta 1.89%.

Muchos pensábamos –el gurú mundial de los bonos Bill Gross incluidoque, con el ritmo de crecimiento de la deuda pública y la emisión monetaria de Estados Unidos, las tasas de interés tendrían que estar desde hace tiempo de subida. Pues no: de momento a nadie parece importarle un comino el contencioso sobre el límite de la deuda y la rebaja del "rating" crediticio de USA por Standard & Poor's. ¿Saben ustedes cuántas veces ha estado la tasa USA a 10 años a un nivel menor al 2%? He revisado la serie de datos mensuales desde 1880 y me encuentro con que sólo 4 meses en 130 años, que son: noviembre y diciembre de 1940 y enero y febrero de 1941. Por aquel entonces el ejército nazi bombardeaba las ciudades inglesas y el italiano ocupaba Grecia; rusos y alemanes firmaban el pacto de no agresión Molotov–Ribbentrop. Faltaban meses para el ataque japonés a Pearl Harbour, por lo que EE.UU. todavía se mantenía neutral en la contienda. Es decir, era un momento en que prácticamente los únicos instrumentos de ahorro con un mínino de garantías sobre la faz de la tierra eran precisamente los bonos del Tío Sam. EE.UU. era la potencia económica mundial indiscutible y su deuda pública en relación al PBI era menos de la mitad del nivel actual.

El hecho de que hoy día los inversionistas quieran prestar dinero a EE.UU -en declive económico, cada vez más endeudado y sin guerra mundial de por medio- a tasas por debajo del 2% sólo puede interpretarse como indicador de la pavorosa incertidumbre sobre las perspectivas de la economía mundial. La misma interpretación hay que dar a la escalada del precio del oro y el franco suizo.

La crisis financiera de la Zona Euro es la principal fuente de incertidumbre, aunque no la única. Un desenlace de ruptura de la Zona Euro sería una hecatombe económica no sólo para la integración europea sino para el sistema financiero y la economía del planeta. Ahora bien, si tuviera que ocurrir en cualquier caso -algo que no sabemos-, mejor pronto que tarde; el peor escenario posible sería un periodo largo de comportamiento bipolar con sucesión de "agonías y éxtasis", por utilizar el título de la película sobre Michelangelo que protagonizó Charlton Heston en

1965.

De momento, los mercados de bonos soberanos nos están diciendo que el ajuste de los países mediterráneos e Irlanda es insuficiente. ¿Corregirán el rumbo pronto? Los bancos europeos han regresado a la desconfianza mutua y prefieren depositar su liquidez en el Banco Central Europeo (BCE) que prestárselo a otros en el interbancario; la tasas de interés de los bonos griegos ya indican que la probabilidad de moratoria es mayor al 90%; durante los últimos 100 días, el BCE ha entrado a intervenir comprando bonos italianos y españoles para tratar de contener las tasas en torno al 5%; intervención que podría acabar quebrando la institución si varios de los países entran en default.

El saldo de bonos soberanos de países europeos con problemas que tiene el BCE en cartera excede ya los 100 mil millones de euros (a los que habría que sumar otros 300 mil millones de euros en bonos que los bancos han depositado como garantía contra las líneas de crédito obtenidas del BCE). ¿Cuál es valor de mercado de dichos bonos? No lo sé, pero está claro que bastante inferior al valor facial. El caso es que el capital contable del BCE es una fracción mínima de dichos montos (10 mil millones de euros). La renuncia hace 10 días del Jurgen Stark, economista jefe y el alemán con mayor rango del BCE, provocó un temblor financiero planetario; no recuerdo renuncia de ningún banquero central e incluso jefe de Estado, y mucho menos la de un funcionario internacional, que haya provocado caídas de las bolsas del hasta 5%.

Parece haber consenso en que "defaults" de Grecia, Portugal e Irlanda son asumibles, pero no una moratoria de Italia y/o España. Las primas de riesgo el último mes señalan que la situación italiana parece ser peor que la española. La Zona Euro vive ya un invierno financiero comparable al de 2008-09; muchas de las bolsas de valores de la zona ya están en el entorno de los mínimos de marzo del 2009.

El problema de la bola de nieve del creciente endeudamiento público de Japón, Reino Unido y EE.UU. -y el todavía insuficiente desapalancamiento (desendeudamiento) de las economías familiares en estos 2 últimos- no hace más que agravar el problema. El caso es que hoy por hoy los inversionistas piensan que Estados Unidos todavía tiene tiempo para ordenar las finanzas de la casa. Está todavía en el segundo tiempo del partido; mientras que los europeos están ya agotando la segunda prórroga. Doy por descontado que estaríamos pronto ante una nueva recesión internacional: tasas tan bajas de los bonos a plazo del Tesoro USA son inconsistentes con una economía mundial en crecimiento. Nueva recesión que llega sin todavía haber recuperado Europa, Japón y EE.UU. el nivel de PBI alcanzado al final de la expansión que concluyó en diciembre del 2007. Lo trágico es que ahora apenas queda margen para políticas de estímulo fiscal y que China, Brasil e India ya han dado de sí todo lo posible para paliar la situación global y están enfrentando problemas de sobrecalentamiento e inflación. En definitiva, no estamos mejor que en el 2008.

Por segunda vez, la economía peruana está mejor equipada que la mayoría frente a una recesión internacional y a presiones cambiarias y financieras gracias a la prudencia monetaria y presupuestal de los últimos 20 años. El BCR cuenta con suficientes Reservas Internacionales (unos US$49 mil millones) para hacer frente a la totalidad de los depósitos ensoles y en dólares (que suman US$44 mil millones) y la deuda pública neta (deuda menos Reservas de Divisas) es apenas 9% del PBI. Si las autoridades juegan bien sus cartas, el Perú podría aguantar razonablemente el embate, e incluso erigirse como país refugio de inversiones. La permanencia de Julio Velarde en el BCR es signo de confianza para mercados e inversionistas. Algo que ya se ha materializado en una mejoría del rating crediticio del Perú por la calificadora S&P, a la que podrían seguir sendos movimientos al alza por sus homólogas Moody's y Fitch. Lo que no es poco en un mundo cada vez más acosado por la insolvencia.

De eso se trata, de destacar en la adversidad generalizada.

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