Espero que, en este extraño país, todas las personas que no vivimos del crimen organizado ni del tráfico de drogas hayamos sentido la misma dolorosa punzada por el horrendo asesinato de la joven capitana PNP Nancy Flores Páucar y las heridas causadas a policías y civiles que trataban de rescatar a los rehenes capturados por los "dueños" de la Amazonía peruana: los narco-terroristas.
Un país ciertamente extraño, afortunado y bendecido por la madre naturaleza; rico en minerales metálicos -por lo menos 23 de ellos- de elevados precios en los mercados y pródigo en minería del oro, sea diseminado, en vetas o en arenas fluviales; paraíso de la chirimoya y la palta, de la vid para el mejor pisco que se conoce y los generosos vinos de mesa; cultivador del algodón de calidad 1-A, envidia de industrias textiles de otros mundos; dueño de la alpaca y la llama, compartidas solo con Chile y Ecuador, y dueño absoluto y único de la vicuña y su finísima lana; espléndido en recursos de madera y cultivos tropicales: desde el cacao y el café hasta la palma aceitera... Y dueño, además, de riquísimas culturas milenarias, para asombro de la historia.
Pero un país desdichadamente primitivo, elemental, ineducado, deseducado, convertido en presa de políticos deshonestos y en botín de desvergonzadas gentes. Un país que ronda por el 88 al 92% de "analfabetos funcionales", es decir, aquellos niños que aprendieron a leer y escribir, a sumar y multiplicar, pero que jamás volvieron a ejercitar esas funciones: no leen más que pasquines escandalosos, miran programas de televisión que son de vergüenza y no piensan en otra cosa que no sea su diversión o su ardua supervivencia, con frecuencia en trabajos indignos.
Un país inmensamente pobre en ideas sobre todos los asuntos públicos, carente de partidos y de ideologías que merezcan esos nombres y de un Congreso que no sea una marmita, en la que hierven intereses y contradicciones junto a negociados personales y gestiones delictivas.
Un país incapaz de resolver problemas carcelarios y viales, educativos y hospitalarios, municipales y electorales. Un país de mentalidad tan escasa que tolera "emperadores" regionales, capaces de torpedear altísimas inversiones mineras en Cajamarca por defender tres lagunitas intrascendentes; pero no puede impedir que "emperadores del oro" en Madre de Dios produzcan formidables desastres ambientales, envenenando con mercurio y cianuro los ríos selváticos, que son la alimentación de la mayor riqueza que posee Sudamérica: su Amazonía. País lamentablemente pobre en líderes, en soluciones sensatas, en coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Paupérrimo en consecuencia entre lo que se dijo ayer y se propone hoy.
Pero, en cambio, inmensamente rico en desacatos a la ley, en ignorancia de los reglamentos, en abanicos hechos con la Constitución del Estado (la cual, más que un estorbo es una diversión). ¡Qué enorme riqueza de legislación y reglamentación tiene este país...! Pero no hay ningún peligro: ambas viven protegidas y encerradas en cámaras refrigeradas para que no sufran daño. Buena parte de la felicidad del país consiste en ignorarlas.
Ciertamente es un gran consuelo saber que el gobierno y la Fuerza Armada consiguieron liberar, sanos y salvos, a los 36 rehenes capturados por la temible banda de asesinos llamada Sendero Luminoso.