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Martín Santivañez

Martín Santivañez

El Viejo Reino

Leones y vizcachas

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La sabiduría de los Humala es infinita, cósmica. Ellos, en sí mismos, son la civilización del espectáculo. Confieso que hace unos días, cuando el oráculo "Don" Ulises dijo ante la prensa que "están cazando a nuestros soldados como si fueran vizcachas", me quedé pensativo, reflexionando sobre la exquisita comparación del patriarca humalista.

No estoy de acuerdo con "Don" Isaac. Los soldados que enviamos al VRAE, más que vizcachas que corren al matadero, son auténticos leones. Y mueren como leones. Sí, esos soldados que nos defienden son pumas, cóndores, héroes. Hay que tener un valor sobrehumano para lanzarse a la selva a luchar contra el terrorismo. Solo los valientes se enfrentan a las balas sabiendo que a su regreso (si regresan) las organizaciones de derechos humanos de la izquierda caviar enjuiciarán sus heridas y escupirán sobre sus muertos. Sólo mujeres y hombres con un profundo amor por el Perú aceptan batirse en unas condiciones tan miserables, sin táctica ni estrategia, armados de manera deficiente, conscientes del peligro que les espera en cada misión. Esos soldados son leones. Las vizcachas, por el contrario, son los que gobiernan desde Palacio y los que lucran con el dinero del extranjero en ONG´s que contemporizan con el terror. ¿No le parece, "Don" Isaac?

Porque, valgan verdades, desde que asumió el poder Ollanta Humala aplica la estrategia de la vizcacha, o sea, el viejo principio político de "sobrevivir sobre todas las cosas". Las vizcachas lo que quieren es durar contra viento y marea, escaparse de los depredadores, huir de los hombres para esconderse en un mundo subterráneo, dando la cara lo justo, lo imprescindible. A Ollanta (el gran vizcachón) y a nuestra presidenta Nadine solo les importa el arte de la supervivencia política, continuar en Palacio sin desgastarse acometiendo las grandes reformas que precisa el Estado, para así ser presidenciable(s) en unos años. Por eso avanzamos en piloto automático.

La estrategia de la vizcacha pretende atornillar a los Humala en el poder olvidando la reforma del Estado, la modernización del sistema anticorrupción y los incentivos para el fortalecimiento institucional. Lamentablemente, también padecemos una epidemia capitalina de vizcachas apitucadas, hambrientas de caviar y de dólares del capitalismo, profundamente sesgadas por una ideología retardataria que ha demostrado su ineficacia en todos los continentes. He allí la frágil coalición que llegó al poder: un ejército de vizcachas soberbias y superficiales, ora atolondradas, ora convenidas, capaces de defender a un terrorista como el camarada Tito, un sanguinario carnicero de leones. En el fondo no son más que roedores engreídos que solo aspiran a llevarse a la boca la yerba que los ceba, la pitanza que usan de excusa para entregarse al mejor postor.

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