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Martín Santivañez

Martín Santivañez

El Viejo Reino

El Imparcial

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La decadencia del Estado peruano, que hace unas décadas tenía entre sus filas a algunos políticos ilustrados (no muchos, valgan verdades), también se manifiesta en la calidad de los mandos medios. Antes era prácticamente imposible que un sujeto como Carlo Magno Salcedo -su nombre es una deliciosa ironía sólo concebible en nuestra tierra- ocupara un puesto de responsabilidad en una subgerencia tan delicada como la de "Actividades Electorales" del Reniec. Hasta hace unos años, "cuadros" como el buen Carlo Magno servían para dictar cursillos de adoctrinamiento en locales partidistas venidos a menos, pero a nadie se le ocurría entregarle a un blogger de medio pelo el destino de la ciudad más grande del Perú.

En teoría, la base del contrato social es la imparcialidad, el carácter "impersonal" de las relaciones de poder que se producen en una sociedad concreta. En el plano teórico, insisto, las instituciones existen para garantizar la equidad, la neutralidad en el oficio de la política de aquellos que tienen un puesto de responsabilidad. El buen Carlo Magno era partidario de todo esto e incluso lo puso por escrito (y se animó a imprimirlo): "Nuestro fundamento es garantista, toda vez que pretende otorgar a los diversos actores políticos, a los partidos que compiten en las elecciones y a los ciudadanos, la seguridad de que, en caso de producirse controversias [...] éstas serán resueltas IMPARCIALMENTE". Ajá.

Pero eso no es todo. Nuestro campeón de la ecuanimidad también nos dejó estas frases para el bronce: "Quien juzga no puede administrar. De lo contrario se violarían dos principios constitucionales fundamentales: el principio de separación de funciones [...] y el PRINCIPIO DE IMPARCIALIDAD, que es un componente esencial de la función jurisdiccional del Estado". (La administración electoral en el Perú. Funciones, competencias y organismos electorales, Centro de Investigación Electoral de la ONPE, 2004, pp. 15-55). Bien ahí Carlo Magno. Ni Levitsky en todo su esplendor.

Ignoro si las firmas son válidas o no. Es más, Marco Tulio Gutiérrez me parece un personaje oscuro, un lastre para la revocatoria. Pero lo que está claro y fuera de toda duda es que el buen Carlo Magno no es digno de ejercer el papel de árbitro en este proceso. Con su actuación sesgada, abusiva y subalterna traiciona todo lo que ha escrito. Está parcializado, se le ve la chalina a leguas. Hace unos meses era uno de los "linterna verde" del villaranismo y hoy quiere hacerse pasar por un funcionario impersonal, frío y puro, un tecnócrata aséptico, una especie de rey Salomón infalible cuando en el fondo su encargo es evidente: liquidar la revocatoria, ser el sicario de la burocracia filocaviar.

Si viviera en un país serio, el señor Salcedo tendría que dar un paso al costado o sería puesto en la calle por su inmediato superior, o sea, el señor Yrivarren. Pero estamos en el Perú. Aquí, cualquier cosa puede pasar. Incluso que Carlo Magno termine premiado con alguna embajada por la presidenta Nadine o condecorado por la alcaldesa al ladito de Manu Chao. A propósito, ¿dónde están los que cobran en dólares por defender el fortalecimiento de las instituciones? ¿Dónde los que denunciaban la mano negra, el favoritismo de Montesinos en el Estado? ¡Imparciales de salón! En el fondo, eso es lo que son.

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