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Martín Santivañez

Martín Santivañez

El Viejo Reino

Madeleine Truel

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El 14 de julio de este año se realizará la premier mundial en YOUTUBE del documental "Madeleine Truel, la heroína peruana de la Segunda Guerra Mundial". Hace unos días, la cinta fue presentada en París gracias a la voluntad inquebrantable de su director, el joven cineasta Luis Enrique Cam. El documental aborda la vida de una de las mujeres más fascinantes de nuestra historia, hija de inmigrantes franceses, una limeña valiente que no dudó en formar parte de la resistencia francesa como falsificadora de documentos para salvar vidas a costa de la suya.

Madeleine nació el 28 de agosto de 1904 y fue la última de ocho hermanos. Su infancia transcurrió en la casa familiar ubicada en la avenida Emancipación, en Lima. Estudió en el colegio San José de Cluny (sus padres le inculcaron un acendrado catolicismo). Perdió a su madre a la edad de 13 años. Alexandre, el papá, tenía un negocio de ferretería y era bombero voluntario, uno de esos héroes anónimos que los peruanos, inconstantes, solemos olvidar. De hecho, fue condecorado por su valor y falleció a causa de una herida que recibió en cumplimiento de su deber. Tras la muerte de sus padres, Madeleine viajó a Francia, estudió filosofía en la Universidad de la Sorbona y consiguió un empleo como asistente en la sucursal del Banco Bilbao
Español. Nunca olvidó su tierra natal, que solía evocar ante sus amigos, con historias, imágenes y anécdotas.

En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial y con París bajo la bota nazi, Madeleine publicó un libro titulado "El niño en el metro", en el que narra la vida de un pequeño que viaja por las estaciones del viejo metro de París. El libro está dedicado a Pascal, el hijo de unos vecinos suyos, judíos rumanos. Además, Madeleine formaba parte de la resistencia francesa para la que falsificaba documentos, papeles que salvarían muchas vidas inocentes. El 19 de junio de 1944 fue apresada por los esbirros de la GESTAPO y tuvo que soportar torturas y vejaciones. Nunca delató a nadie. Una Biblia la acompañó en este trance de dolor. Trasladada al campo de concentración de Sachsenhausen, víctima de la desolación, nuestra compatriota no tuvo la suerte de ver la paz que ella y sus amigos, con valentía y generosidad cristiana, ayudaron a conquistar. Pereció en una de esas infames "marchas hacia la muerte" y sus compañeros, recordando el profundo amor que toda su vida profesó por el Perú la hicieron bajar a la tumba colocando sobre su pecho flores rojas y blancas. Era el 3 de mayo de 1945. Unos días después, la infame mole nazi capitulaba ante los aliados.

Luis Cam, gracias a este documental impagable, y Hugo Coya con su estupendo libro Estación Final han rescatado a Madeleine para nosotros, para todos los peruanos. No dejo de pensar en ella y en su ejemplo de generosidad cristiana mientras contemplo las espantosas imágenes de Espinar. Allí, movilizados por el radicalismo ideológico y la demagogia de los caudillos (tan semejantes al demonio nazi), peruanos derraman la sangre de otros peruanos. Este cainismo insoportable fomentado por los cobardes de siempre (revolucionarios que especulan en la bolsa y pagan con chequeras de ONG's) contrasta con la vida valiente de Madeleine Truel, un modelo de entrega solidaria, audacia y libertad. Hay que conocerla y darla a conocer.

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