Una de las primeras preguntas que me hago para mis adentros cuando me entero de las renuncias de estos tres rojos (ya les seguirán más, seguramente) a la bancada humalista es si nuestros rojimios embajadores en Argentina y Uruguay, Nicolás Lynch y Mocha García Naranjo, respectivamente, también dimitirán de esos dos puestos (que además les representan $12 mil mensuales), así como si los también rojimios Humberto Campodónico y Álvaro Vidal dejarán las mullidas jefaturas de Petroperú y EsSalud, así como el cegetepistoide Pablo Checa el viceministerio de Trabajo.
Otra interrogante que me acecha es tratar de adivinar cuál será mañana (o sea, hoy) la portada del diario marxista-humalista La Primera y si los despechados rojimios Lévano y Wiener seguirán allí aún de voceros oficialistas a regañadientes. También me intriga cómo La República, tan afín a JDC (como Federico de Cárdenas, que escribe sus editoriales. O el marxista-velasquista columnista Lauer), pero también con fuertes simpatías oficialistas, tratará este tema. O si Susana Villarán seguirá "sobando" al gobierno con estas renuncias y teniendo esa rojimia bancada de regidores -compuesta incluso por aranistas como la Glave y varios Patria Roja- que está absolutamente en contra de Conga (la "alcaldesa" en cambio siempre rehúye pronunciarse sobre ese tema cuando se lo preguntan). Y claro, todas estas disquisiciones me las hago mientras solito me carcajeo de la izquierda local, que por segunda vez es expectorada del carro oficialista al que se había subido siguiendo a un caudillo ajeno a ellos (¡ricordate 1990!) para suplir su orfandad electoral.
En realidad, desde la mañana este cisma se veía venir desde temprano con esa columna de JDC ( "Caminos que se bifurcan" ) en La República, lo que tomó mayor cuerpo con la posterior berrinchosa dimisión de la quejumbrosa y romántica ultra cusqueña Verónika Mendoza (muy de chiquilla molesta su carta de renuncia. Parecía una carta adolescente de ruptura y recriminaciones con un enamoradito en lugar de la de un actor político). Y ya les conté que durante la campaña le comenté cordialmente a Humala -durante un receso publicitario en una entrevista televisiva- que JDC le iba a abandonar porque toda su vida había sido un rupturista con agenda propia, a lo que me respondió "posiblemente", mirando al techo con cara de resignado y suspirando. Todo esto confirma que el brasileño dirigente del lulista Partido de los Trabajadores Valter Pomar fue quien le impuso su participación en la lista congresal a Ollanta.
Pero todo esto es muy positivo. Se traza la cancha de una vez y se acaba esta esquizofrenia oficialista de estar lidiando con estos caprichosos rojos chillones.
También es un síntoma que abortó la "Operación Retorno" que estuvieron tratando de montar "Siomi" y La República esta semana. Porque ya el Perú tiene que salir de una vez de la izquierda, de esa plaga (que ni siquiera capta muchos votos) que tanto daño le ha hecho con Velasco y Sendero, con esa estúpida mentalidad violenta, resentida y siempre en contra del progreso.
Estos rojos son unos fósiles, unos vestigios arcaicos en el cuerpo de la nación como el coxis, ese vestigio de rabo de mono que aún tenemos los humanos al final de la columna.