Leo la noticia de la exitosa "Operación Albergue" donde 11 niños, de entre 2 y 9 años, han sido liberados de Sendero en el VRAEM. La operación ha logrado que éstos, que eran adoctrinados en la Selva, hoy estén en Lima en manos del INABIF.
Si bien ello podría considerarse como un logro del Estado, entendiendo que se ha liberado niños rehenes del terrorismo, lo importante es cuál será el destino de estos chicos en un país como el nuestro que carece de políticas que protejan a la niñez.
En Perú vemos impasibles como en Cusco, Puno e Iquitos nuestros niños son violados diariamente en una actividad conocida internacionalmente como Turismo Sexual Infantil -TSI-. Sus padres, o proxenetas, ofrecen a estos chicos por dinero a adultos, muchos de los cuales vienen de otros países especialmente por ellos. Páginas web como "Castillo Azul" anuncian los lugares en el mundo que pueden ser visitados por los "boylovers", siendo el Perú un destino turístico no solo para conocer Machu Pichu sino también para TSI. Ante ello hemos emprendido tímidas campañas contra el TSI, la mayoría de las cuales se limitan a pegar anuncios diciendo que el sexo con niños está penado, porque el problema es que si se rescata a estos chicos, no se sabe qué hacer con ellos.
Las adopciones en el Perú han sido concebidas a partir de políticas públicas equivocadas. Son muchas las personas que quieren adoptar niños para formar un hogar. Pero nuestras adopciones son lentas e inseguras y los chicos siguen por años en albergues sin posibilidad de tener un hogar.
Estos casos, distintos entre ellos, tienen en común una falta de políticas públicas para chicos en riesgo. Tanto los niños del VRAEM, cuanto los que son objeto de TSI y los chicos huérfanos requieren políticas claras que les permitan un tránsito entre lo que significa para un niño estar a cargo del Estado y un lugar donde puedan vivir, de ser posible, en familia.
Ojalá el Ejecutivo dedique parte de sus energías y de su dinero, en buscar una solución inteligente y definitiva, para estos chicos. Las ministras Jara y Trivelli, y también la Primera Dama que ha acompañado a los chicos del VRAEM, deberían buscar la forma en que estos chicos que dejan atrás la única vida y familia que conocen, vivan mejor y no peor.
En cuanto al TSI, ojalá dejen de tratarlo como un problema de "turismo" y busquen legislar adopciones rápidas para estos cientos de chicos violados día a día mientras nosotros miramos. Una política seria que promueva adopciones seguras para nacionales y extranjeros podría darle a todos estos chicos la oportunidad de una familia. Ojalá alguien se dedique en serio a políticas públicas para estos chicos que no puede reclamar y ante los cuales ni el Estado ni la sociedad cumplimos rol alguno.