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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR HACIA ESTADOS UNIDOS

La relación bilateral con Estados Unidos data del siglo XIX, incluso desde las postrimerías del Virreinato ya había representación estadounidense en estas tierras.

13 de Noviembre del 2016 - 07:37 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La relación bilateral con Estados Unidos data del siglo XIX, incluso desde las postrimerías del Virreinato ya había representación estadounidense en estas tierras. No era por supuesto política, pero, al fin y al cabo, existió un tipo de relacionamiento por las vinculaciones comerciales, pues desde esas épocas querían nuestras materias primas. Cuando nos hicimos Estado independiente, el Perú afianzó progresivamente su vinculación con Washington, llegando a contar en 1826 con la primera representación consular en Lima; sin embargo, nuestro acercamiento comienza a ser sostenidamente importante recién con Augusto B. Leguía, el tantas veces criticado presidente del Oncenio (1919-1930), pero que fue clave para vincularnos, como nunca antes, con el país más poderoso del planeta. Odría también fue importante firmando acuerdos bilaterales sobre diversos campos. Durante el gobierno de facto de Velasco se produce un distanciamiento y será recién durante el mandato de Alejandro Toledo que llega por primera vez al Perú un presidente en funciones -era George W. Bush- para allanar el camino del TLC entre ambos países -el primero de nuestra historia comercial a nivel de Estados- que luego firma Alan García, durante cuyo periodo Bush volvió a Lima (2008) para el APEC que nos correspondió organizar. Aunque para EE.UU. no somos el país engreído de la región, sí somos importantes y necesarios en sus objetivos. También ellos los son para los nuestros. Contamos en el hegemón cerca de un millón doscientos mil peruanos, donde la mitad se encuentra en condición de indocumentados. Ambos grupos de connacionales contribuyen notablemente en el desarrollo de la economía de ese país. Seamos claros. La interdependencia Washington-Lima es innegable. Ellos necesitan nuestros minerales y nosotros su tecnología, de allí que nuestra política exterior debe estar encaminada en proyectar eficazmente los intereses nacionales en Estados Unidos y en ese propósito la diplomacia debe cumplir un rol activo y protagónico. La agenda con EE.UU. es amplia e intensa, por lo que corresponderá en esta nueva etapa preocuparnos por sellar los históricos vasos comunicantes -no he dicho cordón umbilical, que quede claro- para la mejor armonización de la vinculación bilateral.

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