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Nuevos aires de cambios

...donde hay una mayoría ciudadana respetable que por ahora se muestra impenetrable a los cambios sociales.

11 de Enero del 2017 - 09:16 Renato Sandoval

Si la felicidad es el fin supremo de cada persona, ¿por qué negarles este estado de plenitud a dos seres humanos? Hablo por el caso que parece escandalizar a los conservadores que le han comprado la patente del matrimonio al Estado. Esos mismos que han lanzado al fuego a dos hombres, entre ellos un peruano, que se casaron en México y quisieron registrar su unión vía el Reniec.

Soy un creyente de los derechos de las personas. Justo hace dos días, en la reunión de cumpleaños de un amigo, me lanzaron las preguntas de cómo veía este tema en el Perú, de si estamos a punto de dar un paso más con miras al matrimonio homosexual. Y respondí no por la presión de tener a una persona con esa opción sexual sentada a mi costado:

Creo que así como fuimos el último país en declarar su independencia de la corona española en Sudamérica, más o menos ese puede ser el tiempo en que la mayoría de peruanos cambie su forma de pensar. Lo digo por una cuestión de idiosincrasia conservadora, donde hay una mayoría ciudadana respetable que por ahora se muestra impenetrable a los cambios sociales.

Pero la justicia se trata de minorías, no de asentar todo lo que una aplastante mayoría propone como última palabra. Y escucho a amigos y conocidos corear su estrofa de batalla contra la posible adopción de niños por parte de las parejas homosexuales casadas, como si aquellos fueran monstruos violadores de menores de edad.

Hace dos días conocí la valiente historia de un homosexual para darle su apellido a una bebé, cuyo padre heterosexual no le importaba ni un pepino su futuro. “No me importa si más tarde dice que su padre es gay. Yo solo quiero darle amor, nada más”. ¿Eso no toca la fibra más ínfima del ser humano solidario?

Yo no tengo la bola de cristal para saber si algún día los peruanos seamos más abiertos a los cambios sociales, pero siento una corriente nueva, fresca, de jóvenes que quieren que el país florezca con nuevos aires, aires de cambio. 

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