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Ojos vendados

Volvemos al papelón de los últimos, lo repetimos con disciplina, casi con actitud profesional. La cara de nuestro fútbol a nivel internacional es deplorable, preocupante, pero a fuerza de ser recurrente hemos caído en un punto en el que nos parece peligrosamente normal, un saldo previsible y con el que se cuenta por anticipado.

21 de Mayo del 2017 - 07:51 Juan Carlos Gambirazio

Volvemos al papelón de los últimos, lo repetimos con disciplina, casi con actitud profesional. La cara de nuestro fútbol a nivel internacional es deplorable, preocupante, pero a fuerza de ser recurrente hemos caído en un punto en el que nos parece peligrosamente normal, un saldo previsible y con el que se cuenta por anticipado.

Esta vez, los resultados fueron de la mano con la actitud de ciertos entrenadores de cara a la derrota, a la eliminación y al bochorno. Precisamente, los técnicos que dirigen al campeón y subcampeón nacional fueron los que presentaron posturas más complejas y difíciles de digerir. José “Chemo” del Solar y Juan Reynoso dieron fe de que padecemos un problema grave, el mismo que no presenta una solución cercana.

El último miércoles, cuando Sporting Cristal perdió en casa ante el Independiente de Santa Fe por 2-0, “Chemo” del Solar asumió la completa responsabilidad de un nuevo fracaso internacional. Pero no lo dejó ahí, sino que aseguró que el fútbol que su equipo practicó fue bueno: “en cuanto resultados la campaña fue mala, pero en lo futbolístico estuvo bien”. Al parecer, para el DT rimense, los goles no cuentan. “Yo no sé cómo funciona eso de ganar como sea. El equipo no va jugar a los pelotazos”. Aquí Del Solar se muestra satisfecho con el hecho de haber jugado “bien” más allá de no haber ganado, aunque visto con detenimiento sea totalmente contradictorio.

En cuanto a Juan Reynoso, el jueves, tras caer en Arequipa ante un River Plate plagado de suplentes por 3-2 y alojarse en el fondo de su grupo, no dudo en manifestar que para nadie era un secreto que el equipo argentino era un serio candidato al título de la Libertadores. Si a esas alturas nadie intentó ver un intento de consuelo, el propio entrenador se encargó de dejar todo claro: “Habrá pocos equipos que les hagan cuatro goles como nosotros”. Más clara no puede ser la percepción. Ese es el saldo que le queda a Reynoso, haberle metido cuatro goles a un potencial campeón, claro que el hecho de haber recibido 11 goles y que de esos 7 hayan sido de River no es un detalle que merezca su atención.

Una cosa es intentar buscar detalles positivos en circunstancias adversas, asumir las derrotas con entereza, dar la cara y no perder el respeto por uno mismo y sus convicciones; pero algo muy distinto es engañarse con falsas virtudes, encontrar méritos donde no los hay y fracasar en ese intento. No merecemos digerir estos discursos, no podemos acostumbrarnos a estas posturas porque terminaremos hundidos hasta el cuello en nuestra mediocridad.

La capacidad de indignarse en casi una virtud, la pasividad ante el fracaso solo denota que llevamos la debilidad a cuestas, muy dentro, incrustada en el alma, regando nuestras convicciones. Necesitamos urgentemente cambiar el fútbol y la mentalidad de quienes lo manejan y practican.

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