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Martín Santivañez

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¡Que callen los tecnócratas!

​¡Silete, theologi, in munere alieno! [¡Callad, teólogos, en terreno ajeno!] Esta consigna contra los teólogos fue proclamada por Alberico Gentili, uno de los juristas fundadores del derecho internacional, reafirmando la independencia del Derecho frente a la teología y fortaleciendo el papel del Estado en detrimento de la Iglesia. Hoy, ante la realidad de un gobierno de minoría parlamentaria, y frente a la eventual crisis política que desatará la tempestad de Odebrecht, para fortalecer al gobierno del presidente Kuczynski, en varios temas puntuales y por un espacio concreto de tiempo, es preciso que alguien le diga al sector radicalizado del Ejecutivo: ¡Que callen los tecnócratas!

25 de Mayo del 2017 - 07:00 Martín Santivañez

¡Silete, theologi, in munere alieno! [¡Callad, teólogos, en terreno ajeno!] Esta consigna contra los teólogos fue proclamada por Alberico Gentili, uno de los juristas fundadores del derecho internacional, reafirmando la independencia del Derecho frente a la teología y fortaleciendo el papel del Estado en detrimento de la Iglesia. Hoy, ante la realidad de un gobierno de minoría parlamentaria, y frente a la eventual crisis política que desatará la tempestad de Odebrecht, para fortalecer al gobierno del presidente Kuczynski, en varios temas puntuales y por un espacio concreto de tiempo, es preciso que alguien le diga al sector radicalizado del Ejecutivo: ¡Que callen los tecnócratas!

La fortaleza del gobierno de PPK, teóricamente, recaía en su equipo de tecnócratas. Ellos iban a ser la pieza clave para convertir al Estado en una máquina eficiente gestionada por resultados. Sin embargo, la realidad del gobierno ha sido distinta. La caída de Vizcarra es un golpe fuerte al equipo de tecnócratas porque un sector de ellos ha intentado, de manera infructuosa, con un enfoque enrarecido, hacer “política”. O mejor dicho, lo que ellos consideran que es “política”, esto es, confrontar al Legislativo, atacar a Fuerza Popular y pactar con el sector reducido pero bien organizado de la izquierda relativista favoreciendo su presencia en el Estado.

Cuando los tecnócratas intentan hacer política, el resultado es similar a lo que sucede cuando el político intenta ser un técnico imparcial. La política en un momento de crisis no debe ser nunca una política de odio. Por el contrario, tiene que ser una política de unidad. Por eso, que callen los tecnócratas y que hablen los verdaderos políticos. Políticos que busquen la unidad del país frente a la crisis que se avecina. Porque solo unidos saldremos adelante en medio de tanta corrupción.

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