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¿Qué le pasa a Donald Trump con las mujeres?

En las relaciones internacionales, el gesto de la primera dama polaca tiene una lectura y externaliza un mensaje que no suele decirse verbalmente

08 de Julio del 2017 - 08:50 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Las imágenes del desplante de la primera dama de Polonia, Agata Kornhauser, al presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, al no corresponder en primer orden conforme el protocolo el saludo del mandatario visitante, ha sido un gesto muy comentado y pone al descubierto una ascendente actitud femenina de rechazo hacia el político neoyorkino. A otros con el cuento de que la señora Kornhauser estuvo distraída. No. Trump, en evidencia indubitable, le extendió la mano de tal manera que si la señora Agata tenía pensado saludar primero a Melania, la esposa de Trump, en el trayecto se hubiera detenido para corresponder la cortesía del presidente, pues espacio y tiempo había para hacerlo. Pero doña Agata lo ignoró por completo y como es una mujer de formas y educada, luego del desplante -misión cumplida-, ya en un segundo tiempo, correspondió al saludo pero para Trump había pasado el momento estelar y ya todo parecía plancha quemada. En las relaciones internacionales, el gesto de la primera dama polaca tiene una lectura y externaliza un mensaje que no suele decirse verbalmente. Sus actores visibles se valen de los gestos que muchas veces son más efectivos y eficaces que los discursos para lograr el cometido.

Queda claro que a Trump no le va bien con las mujeres que, en diversos grados de animadversión, solamente esperan una oportunidad para descargar contra el presidente estadounidense, tildado hasta de misógino. Sus antecedentes en el trato a la mujer no le ayudan nada y ahora está soportando una secuencia de reacciones que, dejándolo mal parado, podrían ser utilizadas por sus adversarios políticos, según las circunstancias. La actitud de la señora Agata puede tratarse incluso de una tácita solidaridad con la propia Melania, que ha tenido que afrontar algunos desplantes públicos del marido mandatario. Queda, entonces, una vulnerabilidad que el presidente Trump deberá buscar acabar porque en política internacional los gestos suman, pero también restan.

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