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Rolando Rodrich

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Sembrando lo que cosecharemos luego

​Es difícil, es imposible razonar con la turba, discutir o ponerse de acuerdo con la avalancha humana que corre espantada.

04 de Octubre del 2016 - 07:04 Rolando Rodrich

Es difícil, es imposible razonar con la turba, discutir o ponerse de acuerdo con la avalancha humana que corre espantada. Lo mismo es pedirle a quienes estamos hartos del desborde del crimen que no veamos con simpatía a unos policías rematando a unos delincuentes. De la boca para afuera no es políticamente correcto aprobarlo, de la boca para adentro estamos deseando que allí nomás se salden cuentas, porque en manos de fiscales y jueces taciturnos no se soluciona nada. Lo que no alcanzamos a ver es que en ese plan todos, ya no solo policías y delincuentes, nos vamos a coger a balazos. Las víctimas, los ciudadanos entre los dos fuegos, también tendremos que andar armados para defendernos de cualquiera de los dos bandos, de los delincuentes o de los policías. Estaremos peor que antes. Si esto está ocurriendo con la destrucción de vidas humanas, otro tanto ocurre con las honras de las Yahairas y las Miletts, porque ambos son espirales de violencia humana, síntoma de la misma degradación, porque cuando se pierde el valor de la vida física, también se pierde el de las honras. No importa cuál sea primero, el orden de los factores no altera los resultados. Ambos se relativizan, se retroalimentan en un giro descendente que nadie sabe en qué momento se detendrá. Los asaltantes rematados en Piura o la jovencita con habilidades para ganarse la vida con futbolistas a los que les sobra la plata. Esto fue esta semana, la próxima serán otros, de los que los medios tenemos que ser sinceros con nuestras audiencias porque sí se están dando cuenta de que formamos parte del escándalo porque es negocio. El día que le retiren la licencia a un canal de TV, nadie lo va a defender. Como cuando el chino cerró el Congreso. Muchos aplaudieron en silencio el abuso del poder. Una cosa es informar aquello que es importante o útil a nuestras audiencias, una cosa es entretener con algo interesante, y una muy distinta es revolcarse en el mismo lodo rebuscando las miserias humanas que todos tenemos.