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Sendero y el MRTA

​El Perú celebró ayer el 24 aniversario de la captura de Abimael Guzmán, el cabecilla de la banda terrorista Sendero Luminoso.

13 de Septiembre del 2016 - 03:18 Iván Slocovich

El Perú celebró ayer el 24 aniversario de la captura de Abimael Guzmán, el cabecilla de la banda terrorista Sendero Luminoso. Sin embargo, los peruanos jamás debemos olvidar que otro grupo criminal como el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), con el asesino Víctor Polay al frente, también hizo su aporte de sangre y brutalidad a esos años de pesadilla que vivimos todos los peruanos desde inicios de los años 80.

Sí, esa banda a la que incluso un reciente candidato al Congreso por el Frente Amplio de Verónika Mendoza trató de defender durante la campaña electoral es también un grupo terrorista que merece el total y unánime rechazo de los peruanos. Muchos los llaman “guerrilleros” y los califican de “guevaristas” o “procubanos”. Sean eso o no, lo concreto es que Polay y los suyos eran unos despiadados asesinos y secuestradores.

El MRTA no merece ninguna contemplación. Sus integrantes son tan terroristas como los senderistas. Ahí están sus brutales “cárceles del pueblo”, los crímenes de homosexuales en la selva, los asesinatos del general Enrique López Albújar y del minero David Ballón Vera, el inhumano rapto de 72 personas en la residencia del embajador de Japón en Lima durante cuatro meses y el intento de toma del Congreso con la participación de Lori Berenson.

Por más que en 2008 la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) haya abogado para que el MRTA sea retirado de la lista de grupos terroristas que maneja la Unión Europea, lo único cierto es que, al igual que Guzmán y su banda, Polay y sus pistoleros no merecen la menor contemplación de un país que por estos días sigue tratando de cerrar las heridas causadas por estos sujetos que con ayuda de sus amigos se promocionan hasta hoy como “revolucionarios”.

El Perú ha sido capaz de derrotar al terrorismo pese a que hasta hoy algunas agrupaciones políticas, abogados, “analistas” y ONG les hacen el juego con sus tibiezas y ambigüedades, tan parecidas a las mostradas por sus mentores políticos a inicios de los años 80, cuando Guzmán desató su escalada de violencia y mucha de esta gente vio en ese carnicero al “compañero de ruta” que por fin se atrevió a hacer la “lucha armada”. Solo en el Perú, señores.

Iván Slocovich

Iván Slocovich