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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

SIRIA Y EL USO DE ARMAS NO CONVENCIONALES

​Lo que acaba de suceder en la localidad de Jan Sheijun, al norte de Damasco, capital siria, una zona controlada por grupos rebeldes al régimen de Bashar al Assad y yihadistas, donde se han utilizado armas químicas ahora imputadas al Gobierno -que lo niega en todo momento-, constituye una flagrante violación de los convenios internacionales que proscriben su uso.

06 de Abril del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Lo que acaba de suceder en la localidad de Jan Sheijun, al norte de Damasco, capital siria, una zona controlada por grupos rebeldes al régimen de Bashar al Assad y yihadistas, donde se han utilizado armas químicas ahora imputadas al Gobierno -que lo niega en todo momento-, constituye una flagrante violación de los convenios internacionales que proscriben su uso. 

Luego de la Segunda Guerra Mundial, en que el mundo había experimentado cuán letal había sido el uso de las bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados Unidos, se proclamó de mil maneras el rechazo al uso de cualquier tipo de armas no convencionales. A la dación de los Convenios de Ginebra de 1949, que fueron los primeros consensuados sobre el derecho de proteger a las víctimas en los conflictos armados y que definió que en la guerra no todo vale, le siguió la aprobación de la Convención sobre las Armas Químicas, que entró en vigor en 1997 y cuyo mandato, desde esa fecha, ha sido la erradicación para siempre del flagelo de este tipo de armas y de verificar la destrucción, en los plazos establecidos, de los arsenales de armas químicas declarados. 

Usarlas como acaba de hacerlo Siria merece la mayor condena internacional, configurando responsabilidad internacional por sus consecuencias. Es el momento de que la ONU pueda determinar dicha responsabilidad, que ahora todos los directa o indirectamente involucrados niegan categóricamente. 

Se calcula que hay más de 70 víctimas -varios niños- en el reciente ataque. El régimen sirio está en la mira, y si Al Assad resultara responsable, su suerte podría ser como la de Saddam Hussein, que por ensañarse con los kurdos (1989) y los chiitas (2003) iraquíes, utilizando armas químicas, terminó ahorcado. Mientras los Estados involucrados en la guerra de Siria dicen que no son autores del macabro ataque, el Consejo de Seguridad de la ONU no ha podido ponerse de acuerdo para condenar el hecho debido a la frontal oposición de Rusia. Complejísimo escenario a la vista.

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