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Toda la fuerza del Estado

​En noviembre de 2016 estuve por última vez en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM) cubriendo información sobre la lucha contra los narcoterroristas que ahí operan. Noté que en medio de las dificultades propias de la zona, los militares y policías cuentan con recursos para cumplir su misión: decenas de bases, buenas instalaciones para trabajar y habitar, equipos de comunicación, armas modernas, helicópteros, lanchas para patrullar ríos desde Pichari y demás.

05 de Mayo del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

En noviembre de 2016 estuve por última vez en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM) cubriendo información sobre la lucha contra los narcoterroristas que ahí operan. Noté que en medio de las dificultades propias de la zona, los militares y policías cuentan con recursos para cumplir su misión: decenas de bases, buenas instalaciones para trabajar y habitar, equipos de comunicación, armas modernas, helicópteros, lanchas para patrullar ríos desde Pichari y demás.

Esa contundencia con que se emprendió la lucha contra los Quispe Palomino y sus narcoterroristas es la que ha permitido, en los últimos años, ir reduciendo el accionar de los criminales, ya que ahora apenas, muy de vez en cuando, hostilizan alguna base militar para hacer sentir su presencia. Con la incineración de “Alipio” y “Gabriel”, tras la fallida operación “Libertad” en 2012, se avanzó bastante, al extremo de que hoy casi nadie habla de emboscadas y bajas en las fuerzas del orden.

Hasta ahí vamos bien. Qué duda cabe. Sin embargo, si hay un Estado empeñado en erradicar al narcoterrorismo en el VRAEM, habría que preguntarse por qué no hace un esfuerzo similar para frenar al Movadef, al Fudepp y a todos los senderistas camuflados y reciclados que hasta se dan el lujo de marchar por las calles del Centro de Lima. Si es importante acabar con los Quispe Palomino, ¿no lo es también erradicar a los que desde otra facción operan en nuestras narices?

A los del Movadef y el Fudepp no habrá que darles con artillería de helicópteros MI-25, con lanchas Hovercraft o con patrullas provistas de fusiles Galil y lanzagranadas. Pero sí con un eficiente trabajo de inteligencia policial y normas que permitan -no como la actual ley que supuestamente sanciona la apología- detener en flagrancia y procesar a quienes sacan cara por la carnicería desatada por Abimael Guzmán, cuya libertad buscan a toda costa.

Al terrorismo, en cualquiera de sus variantes, hay que combatirlo con toda la fuerza del Estado. Se está haciendo en el VRAEM con buenos resultados, pero ante la otra facción, como la que opera en Lima, los criminales nos llevan la delantera, tal como lo han mostrado en los últimos días con su marcha, sus conferencias de prensa y su desafío a la autoridad al estar seguros de que no existen las herramientas para sacarlos de circulación de una vez por todas.

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