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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

VENEZUELA TIENE UN PRESIDENTE GENDARME

​Tengo muchísimo respeto por la institución presidencial. A Fidel Castro en mis columnas jamás lo tildé de nada por el hecho de mostrarle en el ocaso de su vida mi absoluta oposición a la dictadura que impuso sobre Cuba, aunque al final de su vida se dio cuenta de que su revolución era una completa utopía decidiendo que sea su hermano Raúl quien lleve adelante el proceso de mea culpa y rectificación. Un acto solapado que jamás Fidel hubiera hecho personalmente.

29 de Junio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Tengo muchísimo respeto por la institución presidencial. A Fidel Castro en mis columnas jamás lo tildé de nada por el hecho de mostrarle en el ocaso de su vida mi absoluta oposición a la dictadura que impuso sobre Cuba, aunque al final de su vida se dio cuenta de que su revolución era una completa utopía decidiendo que sea su hermano Raúl quien lleve adelante el proceso de mea culpa y rectificación. Un acto solapado que jamás Fidel hubiera hecho personalmente. 

Pero una cosa era Castro y hasta el propio Hugo Chávez, y otra es el actual gobernante venezolano, Nicolás Maduro, convertido en un auténtico gendarme que se vale de la amenaza y de la acción policiaca para buscar reducir a quienes piensan distinto de él. Maduro levanta la voz y todo el aparato coactivo funciona sin importarle la institucionalidad del país, que ha destruido, y despreciando la vida humana, el bien jurídico máximo, que un Estado está llamado más bien a preservar como una garantía innegociable, pero que este señor lapida de manera grotesca. Las dos diputadas de la Asamblea Nacional heridas en la víspera por los matones de las milicias urbanas, armadas hasta los dientes por Maduro, desnudan su desvaloración completa por quienes han sido elegidas legítimamente por el soberano, que es el pueblo. Maduro es un intransigente con todas sus letras y atropella los derechos humanos sin inmutarse. Quiere imponer sus caprichos, por eso dice que el chavismo se “iría a las armas para hacer lo que no se consigue con los votos”. Nadie quiere una Asamblea Constituyente, que desde su origen es falsa, pero igual él quiere ir hasta el final imponiéndola. Los muertos que lleva Venezuela, camino de los ochenta, para este presidente gendarme no cuentan. Presiento que su discurso virulento expone su desesperación porque aquellos incondicionales que lo sostenían a morir desde que asumió el poder a la muerte de Chávez están comenzando a tirar la toalla.

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