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Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Miguel Ángel Rodríguez Mackay

VENEZUELA: UNA MUY RARA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

​El carácter impulsivo y automático del presidente de facto de Venezuela, Nicolás Maduro, lo está llevando a decidir disparates del tamaño de una montaña. En efecto, acaba de lanzar la convocatoria -sin serla realmente- para instalar una Asamblea Constituyente, que, como sabemos, reunida tiene la exclusiva tarea de aprobar una nueva constitución para el país. Dar una constitución es una tarea muy seria para el Estado.

03 de Mayo del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El carácter impulsivo y automático del presidente de facto de Venezuela, Nicolás Maduro, lo está llevando a decidir disparates del tamaño de una montaña. En efecto, acaba de lanzar la convocatoria -sin serla realmente- para instalar una Asamblea Constituyente, que, como sabemos, reunida tiene la exclusiva tarea de aprobar una nueva constitución para el país. Dar una constitución es una tarea muy seria para el Estado. 

De allí que previamente la legitimación de la instalación de la Asamblea que la crea supone como exigencia la legitimación de su convocatoria. No es posible instalar una Asamblea Constituyente cuando sus integrantes son elegidos a dedo según los apetitos del gobernante. 

Ese “procedimiento” no vale para nada. Solamente los constituyentes que son elegidos por el soberano, que es el pueblo, gozan de legitimación, por lo que la constitución que dicten tendrá el reconocimiento para producir efectos jurídicos en una democracia. Si el punto de partida del origen político de los asambleístas está asegurado -lo que no sucede en el caso de Caracas-, el futuro de la constitución también. 

A nadie sensatamente se le puede ocurrir prescindir del acto del sufragio para instalar a los representantes del pueblo que en su nombre sancionarán la constitución, porque desde el arranque será tildado de antidemocrático. Ya vemos que a Maduro eso, como muchas otras cosas que ha venido haciendo en su país, no le importa. En el fondo se está valiendo de una artimaña para contar con la norma jurídica más importante de un Estado a su completa medida. ¡Qué escándalo! Hans Kelsen, el mayor jurista del positivismo, que colocó a la constitución en la cima de las normas jurídicas del Estado, si viviera (1881-1973), podría morir de un infarto por la manera como se maltrata al Derecho. La Asamblea Constituyente de Maduro será en el fondo una bomba de tiempo, pues jamás contará con la fuerza de la legitimación jurídico-política para afirmar sus efectos.

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