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Vivimos expuestos a los terremotos y tsunamis

​El terremoto de 8.1 grados que ha sacudido parte de territorio mexicano debería ser tomado como una clarinada de alerta por los peruanos, pues nos ubicamos en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta, razón de sobra para vivir preparados para una eventualidad. Sin embargo, no es así.

11 de Septiembre del 2017 - 07:30 Editorial

El terremoto de 8.1 grados que ha sacudido parte de territorio mexicano debería ser tomado como una clarinada de alerta por los peruanos, pues nos ubicamos en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta, razón de sobra para vivir preparados para una eventualidad. Sin embargo, no es así.

A ese peligro se suma que, según los expertos, vivimos un prolongado silencio sísmico que en cualquier momento podría romperse de la peor manera, liberando la energía acumulada por décadas. Para muestra, un botón: ¿desde hace cuántos años no ocurre un terremoto en la costa norte del Perú, plagada de casas de adobe y caña en el centro mismo de sus principales ciudades?

Y para el caso de tsunamis, la cosa también es crítica. ¿Sabe, por ejemplo, el habitante de Pacasmayo, Puerto Eten o Máncora hacia dónde escapar en caso se aproxime una inmensa ola tras un terremoto? ¿Nos hemos preparado para eso? Estamos en una situación de vulnerabilidad que nos puede pasar una dramática y muy dolorosa factura en cualquier momento.

El Perú, por su ubicación geográfica, no puede darse el lujo de vivir de espaldas a la realidad, mirando lo que sucede en otros países sin hacer nada al respecto. Desde que existimos como país se ha hecho muy poco en materia de prevención de desastres naturales. Es el momento de romper con la histórica inacción que nos estallará en la cara en el momento de la emergencia.

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