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Vraem: la lucha diaria para acabar con el narcoterrorismo

El siguiente paso será que el Estado llegue a la zona sin peligro, para atender a los 612 mil peruanos que viven allí

Vraem: la lucha diaria para acabar con el narcoterrorismo

Vraem: la lucha diaria para acabar con el narcoterrorismo

16 de Noviembre del 2016 - 09:55 » Textos: Iván Slocovich Pardo » Fotos: Piero Vargas

“Estamos orgullosos de ser el brazo fuerte del Estado en su lucha integral contra el terrorismo y el narcotráfico en esta zona del país”, dijo el comandante general del Comando Especial del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), general de división EP Manuel Gómez de la Torre, durante la visita que esta semana efectuó el ministro de Defensa, Mariano González, a las bases de Valle Esmeralda (Junín) y Pichari (Cusco).

En la zona del Vraem, que comprende 57 mil 735 kilómetros cuadrados y alberga a 612 mil peruanos expuestos a los remanentes de Sendero Luminoso y su alianza con los cárteles del narcotráfico que operan allí, existen 70 bases militares cuyos efectivos de las tres Fuerzas Armadas y la Policía Nacional hacen esfuerzos por neutralizar a esta lacra, que impide una mayor presencia del Estado para atender las necesidades de la población.

“Hay que tener en cuenta que la facción de Sendero Luminoso que opera acá está totalmente desprovista de ideología. Esta gente se ha convertido en una banda dedicada a trabajar para el narcotráfico”, señaló el ministro de Defensa en Pichari, donde aseguró que el 70 por ciento de la droga que se produce en el país sale del Vraem, precisamente por las dificultades que existen en la zona debido a la presencia de los narcoterroristas.

Desde la base de Pichari, sede del CE-Vraem, se comandan las acciones de lucha contra los narcoterroristas, ya sean por vía terrestre, aérea o fluvial. El objetivo es tener un efectivo control de las actividades en la zona. Para eso, esta unidad dispone de las patrullas que salen a pie; de los helicópteros Mi-17 y Mi-25, estos últimos conocidos como los “tanques voladores”; y de las lanchas anfibias y blindadas Hovercraft, con las que se recorren los ríos para operaciones ribereñas.

Correo llegó esta semana junto al ministro González y al general Gómez de la Torre, primero a la base de Valle Esmeralda, al mando del teniente coronel EP Edwin Pacheco. Por estos días su mayor preocupación es reubicar a la brevedad posible la vecina base de Mazángaro, ya que se encuentra en la parte baja de una quebrada, lo que la hace vulnerable a los eventuales ataques de los narcoterroristas provenientes de los cerros que la rodean.

La base del comandante Pacheco, así como las del resto del Vraem, cuenta con efectivos de tropa cuyas lenguas originales son el quechua y el asháninka, lo que resulta ideal para tener una mejor aproximación con la población. La idea es que la gente de la zona, que lamentablemente vive de actividades económicas ligadas al narcotráfico, no vea en los militares a enemigos, sino a representantes de un Estado que busca atender sus necesidades luego de limpiar la zona de terroristas y traficantes de cocaína.

“No podemos entrar a la fuerza y a golpear por golpear, quizá como se hacía antes. A los narcoterroristas sí se les combate frontalmente, pero el objetivo hoy es estar del lado de la gente y ser el primer brazo del Estado, ese brazo fuerte necesario para que más tarde acá tengamos colegios, hospitales, Reniec, Banco de la Nación y todos los demás componentes de un Estado que ha permanecido ausente para ellos”, señaló el general Gómez de la Torre durante el vuelo de 25 minutos en un helicóptero Mi-17 de la FAP que nos llevó de Valle Esmeralda a Pichari.

En este lugar, considerado el corazón del Vraem, todos los días se realiza la formación del personal en el patio principal de la base para cantar el himno nacional e izar la bandera del Perú. También se recuerda diariamente, con nombres y apellidos leídos por un maestro de ceremonias, a los militares, marinos, aviadores y policías caídos. El día de la visita del ministro González, se evocó a las víctimas asesinadas en 2013. Pese a eso, la moral luce al tope.

El general Gómez de la Torre señala que en Pichari los días son iguales, que no hay sábados ni domingos y que todos están en constante alerta. Una muestra de ello son los pilotos de los helicópteros Mi-25, quienes pasan el día vestidos con ropa de vuelo, listos para salir, y alojados en ambientes prefabricados ubicados en un jardín a pocos metros de sus naves. “En minutos, la FAP tiene que salir si recibimos por radio el aviso de que las patrullas de tierra necesitan apoyo de fuego aéreo”, dice.

“La solución al problema del Vraem es multidimensional, por la prolongada ausencia del Estado. Se han dado grandes pasos para golpear al narcoterrorismo y vamos a seguir avanzando. Estamos dando prioridad para la compra de radares a fin de controlar el espacio aéreo y evitar el ingreso de naves que sacan droga especialmente hacia Bolivia. El triunfo acá ya no es tan lejano como podía parecer en el pasado”, acotó el ministro de Defensa.

CIFRAS

36años han pasado desde que SL inició su accionar terrorista.

5 regiones del país comprende la zona conocida como Vraem.

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