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Se prodigan amor y éxito

Textos:RONALD COTAQUISPE rcotaquispe@grupoepensa.pe

26 julio 2012 | -

Desde tiempos inmemoriales, la prosperidad de una nación se ha medido por la altura de sus construcciones, y lo mismo pasa con los hombres, como lo demuestra Enrique Marcelo. Desde la ventana de su oficina, ubicada en un edificio de cinco pisos, este emprendedor es testigo del trajín diario de la urbanización Palao, en San Martín de Porres, el centro ferretero y de acabados del hogar más importante del Perú. Trajín del que él y su esposa, Martha Motta, forman parte desde hace 21 años, cuando crearon la tienda de cerámicos Jemms.

Al igual que muchos, ambos se conocieron trabajando en la misma empresa, pero cuando esta fue absorbida por una más grande, Martha tuvo que salir, pero con una liquidación de 2 mil soles. Al poco tiempo consiguió un puesto en una fábrica de esmalte cerámico y, luego de un par de años, también fue retirada, esta vez recibiendo cerámicos como compensación.

Pensaron que lo más salomónico era venderlos, como habían intentado anteriormente con otros productos. Para Enrique, "el emprendedor siempre está abierto a las oportunidades", y él nunca desaprovechó una.

La gota gorda. Cada vez que podía, acompañaba a su padre a comprar ropa en Gamarra para después venderla en Huacho, el lugar donde creció. Y lo mismo hacía en Navidad con los juguetes que adquiría junto a su madre en la frontera del país. Incluso tuvo un puesto de frutas, pero ninguno de los tres negocios había resultado.

Los 2 mil soles de Martha hacían prever a la pareja que esta vez sería diferente, pero aun así tuvieron que sudar la gota gorda. Alquilaron un local en la cuadra cinco de Alfredo Mendiola, en Palao, que apenas les daba espacio para colocar unos cuantos sanitarios y griferías. Los demás eran exhibidos en la calle, y cuando cerraban, Enrique se los llevaba a su departamento. Como éste se hallaba en un tercer piso, llevaba hasta allá cada pieza de cerámica montada en el hombro.

Repetía el mismo ejercicio todos los días, tanto en la mañana como en la noche, pero sentía gozo al hacerlo, ya que sus productos se vendían. Al recapitular su trayectoria, Enrique atribuye su éxito a dos cosas: a su palabra de empresario -pues jamás faltó a sus compromisos- y a su esposa.

"Ella es la fuerza de las ventas, tiene mucho entusiasmo y muchas ganas de salir adelante. Yo veo la parte administrativa y financiera, aseguro el crecimiento", reconoce, en su oficina amplia y con vista privilegiada, el empresario.

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