Textos:Andrés Calmet Izquierdo web@grupoepensa.pe
La psicología forense define como sociópata al individuo que manifiesta serios déficits en la comprensión de los factores de la sociabilidad: ley, normas, autoridad, etc. De acuerdo con la publicación “Diferencias entre psicópatas, sociópatas, neurópatas y psicóticos” del psicólogo Cristián Araos Díaz, los sociópatas suelen actuar en grupo, considerando en esta clasificación a terroristas, miembros de bandas criminales, adeptos a sectas, participantes en turbas, pandilleros y, léalo bien, a sicarios.
Otro libro, “Conducta violenta, antisocial y criminal” del psicólogo Theodor Milton, sostiene que estas personas carecen de empatía, remordimiento y preocupación por las consecuencias de sus acciones. O sea, del sentido suficiente para identificar el bien y el mal o para mostrar arrepentimiento por sus malos actos.
La noche de la captura del sicario A.M.P.G. (17) apodado “Gringasho”, la Policía le preguntó: “¿tienes algo que decir en tu defensa?” El joven criminal respondió: “Nada, pe’”. Como tratando de arrancarle algo de humanidad a sus palabras, los efectivos volvieron a interrogarle: “¿No estás arrepentido?” “No, pe’”, insistió “Gringasho”.
En efecto, no siente remordimientos por los muertos que pesan (como plumas) en su conciencia ni por su intento de asesinar a “Peluca” dentro del Centro de Rehabilitación Juvenil Trujillo, ni por su fuga del mencionado reformatorio por más de 15 días.
“Gringasho” -a quien todavía se muestra con cintillo sobre el rostro- no se inmuta. Mientras responde a las preguntas de la Policía se muestra bastante sumiso; no obstante, su mirada fría y calculadora quisiera penetrar como una bala a través de los chalecos verdes que lo rodean.
RAZÓN PODEROSA. “Gringasho” no sólo es un criminal, sino también, un mar de contradicciones. Desde la clandestinidad, A.M.P.G. afirmó que huyó en medio del desorden, sin proponerse fugar del ex La Floresta, y que escapó de una muerte segura pues querían asesinarlo. Ahora, tras ser sorprendido en un hostal de Lima en compañía de una joven, afirma que fue el amor el motivo de su temerario acto.
Según ha dicho a la Policía, tras los hechos del 28 de abril último, tomó un ómnibus interprovincial que lo llevó al terminal de Fiori, en Lima. Ni bien tocó suelo capitalino, “Gringasho” -siempre de acuerdo a su versión- buscó refugio. Así habría permanecido dos semanas.
Sobre la mujer que lo acompañaba en el hostal “Zafiro” se han dicho muchas cosas: que se llama Yasmy Isabel Marquina Casas, que tiene 18 años de edad y que es estudiante de Administración y Hotelería en la Universidad César Vallejo del Cono Norte en Lima. Acerca de su relación con el capturado asesino, la propia Yasmy ha negado conocer de sus actividades delictivas.