Centralismo y transferencia de poder

Columna de Francisco Cohello Puente, editor general de Correo

Centralismo y transferencia de poder

El gobierno de Martín Vizcarra parece estar dirigiendo gran parte de sus energías a evitar que el centralismo limeño enfatice su superioridad político-económica sobre los intereses de las provincias. Hay, al parecer, varios componentes en esta decisión, pero unos más recientes y más importantes que otros. Desde Moquegua, Vizcarra -es sabido- vivió en carne propia las dificultades que un gobernador tiene, agobiado por la burocracia elefantiásica y reglamentarista anclada en Lima y dependiendo hasta el hartazgo de la lentitud para acceder a recursos públicos que el nudo tramitológico del MEF requería desatar. Pero hay otros hechos que están influyendo y son de data inmediata. Vizcarra fue virtualmente ninguneado por la reciente gestión de PPK cuando la llamada “mancha blanca” concentró el poder y virtualmente dejó al vicepresidente como un convidado de piedra, una consecuencia de la estadística electoral, un complemento prescindible. Así le impusieron Chinchero y así se fue a Canadá, y ahora se entiende. Entre los PPK, Aráoz, Zavala, De la Puente y Cooper, el actual mandatario volvió a sentir el implacable peso del desdén étnico y cultural que la metrópoli ha impuesto desde los tiempos de la Colonia. Y ahora Vizcarra está dando el vuelto. Nombró premier a Villanueva, se tumbó a De la Puente. Y se acaba de reunir con los legisladores de provincias de Peruanos Por el Kambio, dejando el mensaje a los de Lima que ahora, para él, ellos son prescindibles. Aráoz, Bruce y Violeta tienen dos opciones: o se alinean a la imperativa nueva apuesta del Gobierno o rompen con él. En todo caso, y luego de mucho tiempo, una “mancha cobriza” dominará Palacio. 

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