Amantes del país

COLUMNA: Rolando Rodrich

Cuando uno ve que el país se hunde cada vez más en el fango de la política nuestra, comprueba también que esta nación camina por su cuenta y a pesar de una clase dirigente tan deteriorada. Algún día la historia se escribirá haciendo honor a los hombres y mujeres que nadaron contra la corriente de la corrupción, entonces ya no habrá un museo llamado el Lugar de la Memoria sino un lugar de la vergüenza, especie de monumento a quienes tanto daño le hicieron al país. En esa búsqueda del estado de bienestar con que soñamos, ojalá pudiéramos replicar modelos como el de Finlandia. Pero aquí nos damos lujos que los finlandeses no se dieron, inteligentemente. Aquí es políticamente incorrecto y hasta discriminatorio impedir que analfabetos, plagiadores y otros sujetos en los últimos peldaños de la educación accedan al Congreso, por ejemplo. En Finlandia, casi el 30% de los jefes de Estado y Gobierno, y la mitad de sus primeros ministros han sido profesores universitarios. El líder nacionalista era un profesor de Filosofía. Claro, compararse tiene sus límites, porque las recetas no son trasplantables, aun entre pueblos muy parecidos. Sin embargo, todas las naciones exitosas tienen en común, además de la educación, la adversidad. Las guerras o la naturaleza han sido circunstancias que aglutinaron voluntades hacia el bien común. Como se notará, si hay algo más alejado del bien común es la corrupción, que es un acto totalmente egoísta, en el cual una persona o grupo antepone el interés particular al de una sociedad mayor. El sacrificio de perderse el disfrute inmediato a cambio de resultados para las próximas generaciones también exige una actitud libre de egoísmos. Como ya habrán deducido, nada de esto ocurre si no hay un acto de amor de por medio, porque son cosas que hace quien realmente ama a su gente, a su país, a su patria. ¿Por qué creen que don Víctor Andrés Belaunde fundó una Sociedad de Amantes del País?

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