Arequipa y María

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

Entre las celebraciones por el aniversario de la fundación española de Arequipa, destacan la colocación del estandarte de la ciudad a los pies de la imagen de la Virgen María, en nuestra Catedral, y al día siguiente la Misa y Te Deum con la participación de las autoridades y el pueblo fiel. De esta manera se recuerda que, desde sus orígenes, Arequipa está íntimamente relacionada a la Virgen María, ya que fue fundada un 15 de agosto, día en que la Iglesia celebra la solemnidad de la Asunción de María, es decir, cuando la Virgen, concluida su vida en este mundo, fue elevada por Dios en cuerpo y alma a la gloria del Cielo. María, pues, ha estado siempre vinculada a nuestra ciudad y ha marcado nuestra identidad católica a lo largo de los siglos, como puede verse en las diversas advocaciones con que la veneramos en estas tierras, la más popular de las cuales en los últimos tiempos es la de nuestra “Mamita de Chapi”, que se ha unido a otras como la Asunta o la Virgen de Cayma, de larga data entre nosotros.

Algunas veces los hijos somos ingratos con nuestras madres. No sabemos apreciar su amor y todo lo que han hecho y hacen por nosotros. Lo mismo nos puede pasar a los cristianos que, distraídos por los múltiples quehaceres de este mundo o por una supuesta “madurez espiritual”, nos podemos olvidar de que tenemos una Madre que desde el Cielo vela por nosotros. La Virgen María ha velado siempre y continúa velando por Arequipa. No tengamos reparo en acogernos a ella. Pongamos en su Corazón Inmaculado nuestros gozos y esperanzas, nuestras fatigas y tristezas, nuestros hogares y familias, el presente y el futuro de nuestra ciudad, y veremos que, aunque la hayamos dejado de lado durante algún tiempo, ella acudirá presurosa a nuestra llamada, porque una madre nunca se cansa de esperar y está siempre dispuesta a ayudar a sus hijos queridos.

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