ARGENTINA Y LA NEGACIÓN DEL ABORTO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

Luego de que en el mes de junio de este año, la Cámara de Diputados de Argentina aprobara el aborto voluntario hasta la semana 14, y cuando muchos creían que seguiría la misma suerte en el Senado de este país, esta cámara lo acaba de rechazar con 38 votos contra 31. Queda claro que la clase política argentina sigue mostrando en las matemáticas su mayoritario respeto por la vida del concebido. Las razones para permitir el aborto son excepcionales: 1° En la eventualidad de que exista certeza médica que el producto no será una persona humana deberá recurrirse a la interrupción del mismo; y 2° Cuando la vida de la madre está en inminente peligro de perderse, debe preferírsela ya que se trata de una existencia ya estructurada en la calidad de persona humana que podría perderse, lo que el producto aún no tiene. De otro lado, en el caso del aborto por violación sexual, el argumento de quienes lo avalan es que la mujer es dueña de su propio cuerpo y nadie que no sea ella puede decidir sobre su ser.

Seguiré insistiendo en mi convicción de que esto último es una verdad a medias, pues el no nacido que se halla en su vientre es otro ser, distinto de la madre y yace en ella por una cuestión de la naturaleza. Peor y más grave es permitir el aborto voluntario, pues la mujer no es propietaria del referido estado de naturaleza. El nuevo ser cobijado en su vientre es independiente del ser de la mujer, aunque mantenga una incontrastable dependencia biológica -cordón umbilical- para sostener viable su posterior nacimiento. Constituido en otro ser -vida humana- con estructura única y diferente, debe ser protegido dada su absoluta indefensión al no poder valerse por sí mismo para impedir la interrupción de su nacimiento. Si en el caso de la violación sexual, que es execrable y respecto de la cual el derecho debe ser implacable con el violador, el nuevo ser no puede ser responsable ni víctima de hechos que promovieron su existencia, por lo que es totalmente condenable que se le aniquile. Cuando se tiene vida, jamás se juzga el modo de contarla. En cambio, se busca conservarla, siendo la existencia humana del aún no nacido totalmente innegociable.

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