Celeridad en procesos por casos de corrupción

​Justicia que tarda no es justicia o, como refirió el filósofo Séneca, “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”.

Justicia que tarda no es justicia o, como refirió el filósofo Séneca, “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”. Se trata de un problema que sufre nuestro sistema nacional de justicia, el mismo que busca levantarse de las cenizas debido a la crisis de credibilidad que enfrentan varios de sus protagonistas por la infinidad de casos de corrupción que se conocen.

El sistema judicial peruano arrastra estos problemas desde hace buen tiempo, pese a esfuerzos aislados promovidos por alguna de sus autoridades y que siempre fracasan por las mafias existentes; sin embargo, hoy, en que la situación tocó fondo, es importante trabajar en la reforma, que todos coinciden en apoyar y aprobar en el tiempo prudencial que la ciudadanía demanda.

La demora que pueda tener la aplicación de los cambios en la administración de justicia acrecentará la desconfianza general y puede provocar que el país caiga en el caos. Es importante que las fuerzas políticas, los representantes de instituciones y el Ejecutivo apuren dicho trabajo para el bienestar de nuestra frágil democracia, que busca mantenerse y llegar al 2021, año del bicentenario de nuestra independencia.

La corrupción debe extirparse de raíz y se avanzará sancionando ejemplarmente a quienes estén implicados en hechos vetados actuando con rapidez, como en la reciente sentencia emitida a un juez de investigación preparatoria de la Corte Suprema, condenado a cinco años de prisión al ser detenido en agosto último por cobrar una coima. Un fallo rápido, como debe ser, no como ocurre con miles de juicios.

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