Detente, mira y vuelve

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

El papa Francisco ha recomendado tres acciones para prepararnos bien para la Pascua. En primer lugar, detenernos un poco de esa vida agitada, de ese “correr sin sentido” en “la vacuidad de lo instantáneo, momentáneo y fugaz”, que nos lleva a la insatisfacción propia de quien termina harto de todo y lleno de nada. En segundo lugar, el Papa nos propone “mirar y contemplar”. Mirar a tantas personas y cosas buenas que hay a nuestro alrededor: “Familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo, para sacar la vida adelante” y “hacer de sus hogares una escuela de amor”; “niños y jóvenes cargados de futuro y esperanza”; ancianos llenos de sabiduría y “portadores de la memoria de nuestros pueblos”. Mirar y contemplar, sobre todo, a Cristo crucificado por amor a todos, sin exclusión ni condición, que nos tiende la mano para levantarnos del egoísmo, la mezquindad, la desconfianza o la resignación.

Finalmente, el papa Francisco nos invita también a volver al amor de Dios. “¡Vuelve! sin miedo, nos dice, a los brazos anhelantes y expectantes de tu Padre rico en misericordia, que te espera”. “¡Vuelve!, sin miedo, a experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios”, que cura las heridas del pecado, nos revela el verdadero sentido de la vida, nos introduce en la gratuidad de su amor, nos hace partícipes de su victoria sobre el mal y la muerte y, así, transforma nuestra tristeza en gozo.

La Pascua es “la fiesta de los perdonados”. Así como Dios sacó a Israel de Egipto, en cada Pascua viene a sacarnos de nuestro Egipto interior, a liberarnos de la esclavitud del pecado e introducirnos en su vida divina. Aprovechemos los pocos días que nos quedan y preparémonos bien para la Pascua, poniendo en práctica el consejo del Papa: ¡detente, mira y vuelve!

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