El colmo del berrinche

COLUMNA: ARIANA LIRA

La canchita en el cine, para mí, es ridículamente cara. Más ridícula e irrisoria, sin embargo, me parece la resolución del Indecopi que permite que los usuarios llevemos nuestra comida. Y, si de ridiculeces hablamos, qué decir del chongo que se ha armado al respecto en redes sociales. El solo hecho de que en el Perú un tema como la canchita en el cine cobre protagonismo en el debate de la opinión pública demuestra lo poco que nos interesamos por los verdaderos problemas del país. Y eso es lo verdaderamente clasista. Como si estuviéramos en Noruega y no tuviéramos otros temas ligeramente más urgentes que cuánto cuesta el combo en Cineplanet.

Dicho eso, vayamos al fondo. Celebrar que el Estado intervenga en cómo funciona un negocio privado que, de más está decirlo, de servicio público o necesidad primaria no tiene nada es ir demasiado lejos. El cine no es un derecho del ciudadano. Menos aún poder comer libremente dentro de este. Entonces, si el hecho de que nos parezcan abusivos los precios de un negocio privado nos da derecho a que lo intervengan, ¿qué es lo que sigue? ¿Que nos dejen llevar nuestros propios insumos a un restaurante?

Sí, me parece cara la canchita. Carísima. Por eso voy comida al cine si no me alcanza. Porque que a mí me parezca cara no hace que tenga derecho a pagar lo que me da la gana o a hacer berrinches, como si de un derecho humano se tratara.

Enfoquémonos, por favor, en las cosas que realmente importan, y no en qué vamos a comer en el cine. 

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