El juego (legal) de los poderosos

COLUMNA: ARIANA LIRA

Si quisiéramos hacer un ranking de los acontecimientos políticos más importantes del 2017, tendríamos que empezar por el final: la casi vacancia del Presidente y el indulto a Fujimori. Y ambos eventos han echado luces sobre el mismo fenómeno: la arbitrariedad del poder.

Lo curioso de esta arbitrariedad es que tiene disfraz legal. No se trata, pues, de decisiones dictatoriales.

Más allá de los motivos detrás del pedido de vacancia o del indulto, lo cierto es que ambas figuras están en la Constitución. Y lo que como ciudadanos merecemos es una legislación que limite lo más posible la actuación arbitraria de quienes nos gobiernan. Sí, los poderosos negocian, abusan, mienten. Y el peligro está cuando tienen a la mano herramientas amplias -pero legales- para hacerlo.

Sobre la vacancia por incapacidad moral: la moral es un concepto excesivamente amplio. En simple, lo que es muy inmoral para ti no lo es necesariamente para mí, y viceversa. No existe -ni puede existir- un reglamento que establezca los grados de inmoralidad y cuándo esta es suficiente como para vacar a un presidente. ¿El resultado? Un cheque en blanco para cortar cabezas desde el Congreso.

¿El indulto? Un rezago monárquico que cachetea la separación de poderes, principio básico de la democracia y que, precisamente, tiene como finalidad evitar la arbitrariedad. Si el estado de salud de un reo hace insostenible mantenerlo en prisión, perfecto: que su excarcelación la decida el Poder Judicial, en base a reglas del Derecho y no de decisiones políticas.

Diciembre alecciona. Toca, ahora, cuestionar la existencia de figuras que permiten que los poderosos

jueguen sin necesidad de saltarse las reglas constitucionales.

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