Es hora de cortar con la Corte

COLUMNA: Francisco Cohello Puente

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH) ha ordenado archivar el proceso contra 4 magistrados del TC que, mediante una denuncia de parte, había iniciado el Congreso de la República. La misma Corte-IDH viene analizando el tema del indulto a Alberto Fujimori como un mecanismo de seguimiento a la sentencia del caso Barrios Altos-La Cantuta; en una audiencia, su organismo previo, la Comisión Interamericana (CIDH) ha pedido que el indulto se anule. Antes de ello, el 28 de diciembre, 4 días después del indulto, la CIDH precisó en un comunicado que “rechaza el indulto a AFF, por tratarse de una decisión contraria a las obligaciones internacionales del Estado de Perú”. ¿Qué demuestra esta beligerante arremetida de los organismos hemisféricos de “derechos humanos”? Pues que, sin leer los fundamentos de una resolución y mucho menos sin haber tenido acceso al expediente o al informe médico, ni la CIDH -ahora- ni la Corte-IDH -después- guardan las formas del debido proceso y la imparcialidad. El adelanto de opinión en materias que aún están siendo procesadas y no han agotado la vía interna (como el caso del TC) o sin haberse informado rigurosa y documentadamente (el indulto a AFF) -desconociendo incluso la irrebatible potestad presidencial- corroboran la imagen de que la CIDH y la Corte-IDH son organismos politizados, con posturas preconcebidas y que deciden jurídicamente con una agenda política propia, obviamente de izquierda. Sus acciones restringen la soberanía de los países y suelen constituirse, con soberbia, en una corte imperativa y que no admite concesiones. El Perú debería, por eso, analizar seriamente su permanencia en un pacto creado para épocas en las que pululaban dictaduras que sometían a sus ciudadanos a su furibunda prepotencia. Salvo Venezuela, la Primavera Latinoamericana tiene suficiente democracia para defenderse sola. Es hora de entenderlo. 

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