Feminicidio y crisis de identidad

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

Pese a que hace varios años en nuestro Código Penal se ha tipificado el delito de feminicidio y periódicamente se han aumentado las penas aplicables al mismo, la violencia contra la mujer, incluidos los asesinatos por causas pasionales, no disminuye. Entre las causas de este fenómeno delincuencial, me parece esencial destacar la pérdida de identidad del hombre, varón y mujer, que ha dado lugar a lo que el papa Francisco llama “cultura del descarte”. En ese contexto, resulta fundamental que el hombre vuelva a encontrarse consigo mismo, redescubriendo sus orígenes. Con esa finalidad, y sin excluir otras vías, considero imprescindible releer las primeras páginas de la Biblia, que nos relatan que Dios creó al hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza. Descubrir esto lleva a tomar conciencia de que cada persona, en su integridad de alma y cuerpo, posee una dignidad inconmensurable que todos estamos llamados a respetar.

Por el contrario, cuando no se reconoce que los recursos personales de la femineidad no son menores, aunque sí diferentes, que los de la masculinidad, y por tanto no se los valora, se desconoce la dignidad de la mujer y se deja de respetarla, con lo cual no solo se destruye su identidad sino también la del varón (Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 10). Si además se cree que la promoción de la mujer consiste en masculinizarla, se termina, como lo anticipó el papa Pío XI en el año 1930, haciendo de la mujer un mero instrumento de placer y del capricho del varón (Casti connubii, 27). En consecuencia, el redescubrimiento de la identidad y dignidad del varón y la mujer, como criaturas amadas por Dios en su diversidad y complementariedad sexual, se presenta como vía válida para superar el flagelo del feminicidio y construir la que Pablo VI llamó “civilización del amor”. Tarea que nos compete a todos.

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