Fiestas Patrias en crisis nacional

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

La alegría que suele caracterizar a las Fiestas Patrias se ha visto opacada por las nubes de la corrupción que, como un virus maligno, no deja de extenderse en el Estado, empresas privadas y sectores de la sociedad civil. Sin embargo, la fe nos recuerda que Dios existe y que por encima de esas nubes hay un sol resplandeciente: Jesucristo, el sol que nace de lo alto y quiere iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y guiarnos por el camino de la paz (Lc 1,78-79). Por eso, estas Fiestas Patrias nos invitan a reafirmar nuestra identidad católica y preguntarnos cómo podemos cooperar para que esas nubes se disipen.

La solución a la grave crisis moral que atraviesa el país no es fácil, pero tampoco es imposible de alcanzar. Por el contrario, está al alcance de todos y depende de cada uno ponerla en práctica. Consiste en reconocer que, como nación, nos hemos equivocado al alejarnos de Dios e ir detrás de los ídolos del mundo; porque sólo un corazón idólatra es capaz de renunciar a los valores morales y buscar su propio interés aun a costa de destruir la vida de los demás. Consiste también en volver a Dios y dejarnos purificar por Él, abriéndonos a su amor. Consiste, en síntesis, en volver a darle a Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas y nuestra sociedad, escuchar su Palabra y buscar los sacramentos con los que Él nos hace partícipes de su vida divina y nos capacita para hacer el bien. El futuro del Perú está en nuestras manos, pero sobre todo está en las manos de Dios. Dejemos que Él nos guíe para que podamos llegar al Bicentenario de nuestra independencia por el camino del bien, la justicia y la paz.

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